La nueva normalidad o la resignación industrial

Arturo Aguirre Moreno

Durante la actual pandemia que golpea al mundo global de hoy se activó una medida que hasta el propio senequismo admiraría: un llamado a la resignación ciudadana con la formulación de un marco de reconocimiento particular. Se trata del concepto de “nueva normalidad”.

Este compuesto “nueva normalidad” demostró sus alcances en 8 meses de circulación global. El término emergió en el marco pandémico el 22 de abril de 2020, cuando Tedros Adhanom, el director de la Organización Mundial de la Salud, anunció que “El Mundo no volverá, ni puede volver a la situación anterior. Debe haber una nueva normalidad, un mundo más saludable, más seguro y mejor preparado”.

El discurso hacia una nueva normalidad revela su formulación positiva, postulando una visión sesgada y proactiva para un periodo que de anormal (emergente y excepcional) se va domesticando a fuerza de cierta flexibilidad y capacidad de reordenación individual y social. Reproducida y resignificada por los organismos regionales y nacionales, la nueva normalidad pandémica, como marco, se ha vertido en una serie de protocolos (desde el uso de mascarillas, gel y caretas) hasta condiciones precisas del escalonamiento para el desconfinamiento y acordonamiento sanitario de poblaciones.

Pero veamos. El término new normal proviene del léxico de la crisis económica del 2008 y de los planes de emergencia económica china. Un término ingrato que nos habla de la capacidad de hacer familiar lo anómalo, de normalizar, es más de domesticar lo que no se puede erradicar. Sin dejar en claro qué es lo nuevo, qué es lo normal, porque no termina por posibilitar el entendimiento de lo extraordinario ni anormal, el concepto compuesto de nueva normalidad se aloja inmediatamente en la preconcepción y nos permite suponer que sabemos de qué hablamos. Se trata de un concepto-marco, en resumen, sumamente abierto y polivalente, que resulta riesgoso no por lo que dice sino por el amplio horizonte bajo el cual todo crece bajo la idea de salir y continuar adelante bajo una situación excepcional en sus certezas, incertidumbres, postergaciones y limitaciones en la desesperación. Nuevamente, sobre la noción de marco para ese concepto de nueva normalidad podemos recordar a Butler, cuando sostiene:

El marco que pretende contener, vehicular y determinar lo que se ve (y a veces, durante un buen periodo de tiempo, consigue lo que pretende) depende de las condiciones de reproducibilidad en cuanto a su éxito. Sin embargo, esta misma reproducibilidad entraña una constante ruptura con el contexto, lo que significa que el “marco” no contiene del todo lo que transmite sino que se rompe cada vez que intenta dar una organización definitiva a su contenido. (…) Como el marco rompe constantemente con su contexto, este autorromperse se convierte en parte de su propia definición, lo cual nos lleva a una manera un tanto diferente de entender tanto la eficacia del marco como su vulnerabilidad para la inversión, la subversión e, incluso, a su instrumentalización crítica. (…) Y de este modo se dan las condiciones apropiadas para el asombro, el escándalo, la revulsión, la admiración o el descubrimiento, según la manera como el contenido queda enmarcado por un tiempo y lugar cambiantes.[i]

Es decir, se trataría de un mecanismo sumamente eficiente que se gesta bajo una situación considerada crítica, y que se estabiliza bajo el consentimiento de la opinión pública para poder continuar con un cierto margen de libertad de acción y condiciones de subsistencia. Un mecanismo, nueva normalidad, que, encendido en meses pasados, se esperaría que se apague o detenga cuando todo haya pasado; sin embargo, el marco se rompe y reorganiza en función de las necesidades de las imágenes que pretende mostrar en su reproducibilidad mediática. De ahí la expresión aquella de cuando todo esto del coronavirus desaparezca. La nueva normalidad no es sino una estrategia de sectores sanitarios, económicos, políticos ante el comportamiento frente a la pandemia, en el amplio proceso del ajuste de las relaciones humanas, en donde se mantiene la explotación deliberada de un cierto mercado, la cesión implícita de determinadas libertades en función de la subsistencia, y el ajuste de evaluaciones sobre lo que es correcto y no.

Propia del tiempo actual, la pandemia por el SARS-COV-2 trae en el manejo global de su acción la neutralización del sufrimiento por medio del número y la cifra, y pretende una estabilidad global a través del llamado a una nueva normalidad. Ambos, son aspectos de suma relevancia en la intrahistoria de las grandes pestes, pues aparecen inéditamente como mecanismos que se suman a las medidas profilácticas de siempre: higiene, confinamiento, aislamiento; así como a los esfuerzos de antes: investigar las causas, promover acciones y medicamentos pertinentes. Con la creación y distribución de las vacunas en el 2021 contra el coronavirus, protagonista que azota a la humanidad, asoma la posibilidad de inmunidad a corto plazo; sin embargo, los marcos de reconocimiento que han propuesto el número y la nueva normalidad no prometen desaparecer sino sumarse al conjunto de medidas que hoy por hoy la humanidad emprenderá para afrontar, como estrategias de comunicación y domesticación de lo incomensurable de las epidemias, ante el descrédito de las instituciones sociales, políticas y religiosas, así como de las pretensiones de absoluto saber de las ciencias contemporáneas.

Cholula, 5 de abril de 2021.


[i] Butler, Judith, Marcos de guerra. Las vidas lloradas, op. cit., p. 26.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s