La luz naranja

Eduardo García

Un coche avanza sobre una avenida y al encontrarse con un semáforo cuya luz amarilla está por cambiar a rojo, el automovilista pisa el acelerador a fondo para tratar de ganarle al cambio de luz. Mientras tanto, en la vialidad que cruza en perpendicular, se da paso de la luz roja a verde. En el momento en que cambia, un transeúnte avanza sin problemas sin ver a los lados, pues confía en que a luz roja detiene a los coches de la otra vialidad en el cruce. Pues ese momento en que las luces cambian para controlar el tránsito, es un momento de indefinición, en el que ocurren muchos accidentes letales ya que lo normativo y lo voluntario quedan en un limbo de una interpretación peligrosa.

En el intervalo entre la luz amarilla preventiva a la luz roja de alto total existe un breve periodo de incertidumbre, el cual podemos bien llamar luz naranja que, aunque no está marcada en el artefacto, se presenta como un momento en el que muchos automovilistas acatan el alto desde que la luz amarilla aparece, mientras otros aceleran intentando ganarle a la emergencia de la luz roja. Dado que la luz naranja ocurre en ambas direcciones de la intersección (no importa si es el paso del amarillo al rojo, pues aplica también para el paso del rojo al verde), se vuelve un lapso de indefinición e incertidumbre bastante peligroso.

Considerando la analogía con el actual “semáforo epidemiológico” que indica nuestra situación de confinamiento frente a la pandemia por COVID-19  en la Ciudad de México y algunos otros estados de la República, habíamos transitado con cierta emoción de la luz roja que nos mantenía a todos en casa hacia una incierta luz naranja que sin medir la magnitud nos había vuelto a una aparente normalidad en donde las calles se llenaron nuevamente de gente. No obstante, ante su incertidumbre, en vez de continuar al amarillo volvimos a la luz roja de riguroso confinamiento debido a la saturación de los hospitales y a las celebraciones de fin de año que dispararon de nuevo las cifras de contagios y defunciones por COVID-19. El regreso al nuevo confinamiento parece uno de los accidentes del cruce peatonal en el intermedio interminable, ante la impertinencia de algunos y la indefensión de otros, este momento no parece llevarnos hacia la llamada nueva normalidad.

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Atravesar una brecha hacia un libre tránsito y acontecer de nuestras vidas pareciera fácil siguiendo las indicaciones de las autoridades sanitarias, pero mes tras mes desde que el país entero entró en cuarentena, los plazos han cambiado por el incremento de contagios y daños producidos por este virus pero, sobre todo, por las acciones de los ciudadanos que son quienes deciden tomar o no estas medidas. Frases como “salgamos antes de que no podamos”, “viajemos sin subir fotos para que nadie lo sepa”, “hagamos nuestra boda antes de que volvamos al rojo”, pese a todo. El resultado es que esta situación se ha agravado y perpetuado, en donde el riesgo de no salir o no celebrar para algunos, puede ser el riesgo de contagio y muerte para otros.

Dado que, al menos en México, la estrategia del exhorto al cuidado no funcionó de manera óptima, el confinamiento volvió a su punto más duro como ya venía ocurriendo en algunos países en Europa por los rebrotes de casos de contagios y muertes por COVID-19 e incluso una nueva mutación del virus SARS-CoV-2 en Reino Unido. Al igual que en los cruces, lo que queda de facto más allá de las estadísticas son los daños y las vidas perdidas en esta encrucijada de confusa luz naranja.

Algo importante que señalar es que en el cruce en el que cada quién, desde su sendero, intenta cruzar o decide esperar, encuentra que las condiciones no son las mismas, y son estas condiciones materiales y estructurales marcadas por la diferencia de clase las que hacen que el posible encontronazo no genere el mismo impacto ni el mismo daño. Como ocurre en las vialidades, pareciera que las condiciones materiales pueden brindar el derecho a unos de cruzar y negárselo a otros. No es lo mismo arriesgarse a pasar en un vehículo que a pie, la precariedad de algunos los condena a esperar y a otros no; para retomar sus actividades, para encontrar oportunidades de recreación, para poder realizar plenamente su trabajo, recibir educación o recibir la vacuna.

Como señaló Slavoj Zizek (2020), al principio de la pandemia, en su texto “El Coronavirus es un golpe a lo Kill Bill al sistema capitalista”,pareciera que la condición de clase y el poder adquisitivo pueden pagar por el derecho al espacio público. Vemos ahora en redes sociales a personas que comienzan a salir con su familia o amistades, reuniones, festividades, a celebrar sus nupcias o al menos alguna salida para encontrar una solución a la desesperación que a todos ha traído esta situación. El problema es que esta posibilidad no es para todos. Por una parte, los recursos que se invierten en tener esta libertad son estructurales, pues la posibilidad de viajar o de tener trabajos flexibles no son algo que haya surgido con la pandemia; este fenómeno tan solo lo evidencia y recrudece. Ahora, en situación de pandemia se incrementa esa diferencia ante la posibilidad de acciones concretas como poder aislare junto con la familia en lugares sanitizados, lo cual, por otra parte, genera demanda de personal de servicio que se ve expuesto a los peligros del contagio.

David Harvey (2020) también señaló que el espacio público se podría volver un lujo de clase ante esta situación.  No es que haya una prohibición para que solo algunos puedan salir o no, pero las condiciones sociales, políticas y económicas son las que, a pesar de cualquier situación, siguen primando en el nivel y calidad de vida de las personas, y, sobre todo, siguen siendo un criterio para la garantía de las libertades que, se supone, debemos gozar todos. Sabemos que cuando un derecho no es para todos, esto se vuelve un privilegio y, si bien, muchas de las condiciones que por clase se nos dan y gozamos pueden no ser por culpa propia, uno debe ser responsable de no perpetuar esa diferencia. Ante la indefinición de la luz del semáforo actual que puede ir y venir, y que queda a merced de la interpretación de cada uno, los choques pueden seguir incrementándose para algunos sectores, mientras que para otros la situación podrá continuar sin mayor cambio, dependiendo de sus medios y su voluntad. En el cruce y la decisión de cada uno, los daños parecen menores para quien decide acelerar tratando de ganarle a la luz del alto.

A varios meses del marcador de posible encaminamiento a la salida con la luz naranja, las cosas no han cambiado mucho. En este mismo medio, en su artículo “Semaforo Naranja”, Bily López (2020) había señalado ya algunas de las cuestiones complicadas que se presentaban en este aparente progreso en el camino hacia la nueva normalidad. Tanto en el ámbito económico, biopolítico e incluso en la producción académica el panorama pareciera ser el mismo. Es innegable que varias piezas se han ido moviendo, pero el periodo de incertidumbre continúa y parece que con el retorno hacia la luz roja se confirma que nada podemos dar por cierto, si acaso una de las chispas de esperanza que podemos vislumbrar en este panorama es el inicio de la aplicación de la vacuna, pero, de igual manera cuenta con sus claroscuros.

Existe premura por vacunar para demostrar el progreso frente a la crisis sanitaria, pero han sido cada vez más los casos en los que dicha vacuna presenta efectos secundarios. Además de que, ante este apresuramiento, otro de los problemas acerca de si esta debe ser provista por el gobierno o puede entrar el sector privado en su venta y aplicación, han comenzado a hacer ruido, y aquí, de nuevo, nos encontramos ante el problema de quién debe, quiere y puede a travesar, dependiendo de sus condiciones.

Cruces peligros como estos que se dan en la luz naranja, esa zona indefinida en donde todo está prohibido o al menos socialmente sancionado, a la vez todo está permitido. Incluso la capacidad de juzgar a los otros por sus acciones queda reservada para quienes tienen la comodidad de un lugar seguro frente al contagio, aunque a pesar de todo, mantengan en silencio sus reuniones y salidas, siendo quizá los agentes que más colaboran al incremento del número de contagios.

13 de enero de 2021.

Referencias bibliográficas

Harvey, David. “Políticas anticapitalistas en tiempos de COVID-19”, CTXT. Contexto y acción, Web, 2020.

López, Bily, “Semáforo Naranja”, Pensar la Pandemia. Philosophize with Mask, Web, 2020.

Žižek, Slavoj, “El coronavirus es un golpe al capitalismo a lo Kill Bill que podría reivindicar al comunismo” RT¸Web, 2020.

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