Forense contra-forense

Giovanni Perea

Gonzalo Chávez

Entre 1946 y 1948, gracias al testimonio de algunas víctimas, se sabe que médicos estadounidenses desataron una epidemia de sífilis en Guatemala como parte de un experimento clínico (Palomo; Monge); también que, en 2001 cientos de sobres contaminados con ántrax, bacteria altamente tóxica, llegaban a domicilios en Estados Unidos, causando severos daños a la salud (El País). Ambos casos mostraban dos cosas: la existencia de bacterias y virus usados como armas biológicas y un manejo manipulado de los informes forenses oficiales. Haciéndonos preguntar ¿quién verifica las versiones oficiales en los delitos, las faltas y las catástrofes? ¿quién tiene la última palabra: el forense o lo que podría nombrarse como contraforense?

A más de siete meses de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) haya declarado oficialmente la pandemia, detonada por el SARS-CoV-2, y pese a las medidas implementadas en todos los países y los miles de muertos que esta enfermedad ha causado, aún parece poco claro el origen, o epicentro, de este desastre biológico y social. Después de la declaración y los estudios arrojados oficialmente por la comunidad científica internacional, las interrogantes sobre cuál fue el origen verdadero del SARS-CoV-2, así como sus verdaderas intenciones, no han cesado. Sin embargo, dicha pregunta sobre su procedencia parecería en muchos sentidos estéril, cansina y obviada, frente a las versiones oficialistas y legitimadas por la OMS.

Photo by Pixabay on Pexels.com

Esta cuestión se ha vuelto a polemizar mediáticamente a partir de las declaraciones de la científica china, Li-Meng Yan, residente en Hong Kong pero exiliada en Estados Unidos, quien en algunos medios de comunicación ha argumentado que la causa del actual COVID-19 no pudo originarse en un “mercado húmedo” de animales en Wuhan (Proceso). Según sus declaraciones, el virus SARS-CoV-2 fue creado en un laboratorio de manera intencional y totalmente racional como un arma biológica, específicamente, un arma “biológica sin restricciones” (Cortés). Esta versión contraviene las declaraciones oficiales dadas a conocer por la OMS que, según ésta, el virus proviene de una cepa animal. En todo caso, el fundamento, científico o no científico, parece operar con intenciones políticas sobre los vivos o potenciales víctimas más allá del fundamento mismo. En todo caso, las preguntas, más allá del valor científico y la dimensión epistemológica de la verdad, interpelan directamente al estatuto político y práctico de la verdad. Por encima de la exigencia de la verdad como origen y epicentro del virus, podemos emplazar los cuestionamientos hacia esa especie de pulsión por la verdad, incluso, en medio del desastre.

Ahora bien, las dimensiones políticas, sociales y económicas de la pandemia son ineludibles, más cuando esta emerge durante una fuerte guerra o competencia comercial entre China y Estados Unidos. No debería de sorprendernos que el recurso del virus, en tanto que arma biológica, sea usado arbitrariamente, no con fines conspiracionistas, sino para reelaborar las dimensiones globales de una politización de determinados horizontes prácticos de la biología. Para algunos, esta posibilidad puede ser lejana, pero, ciertamente, las armas de destrucción o, en este caso la masificación de laboratorios de muerte, incluyen el uso de bacterias, toxinas y virus, como parte de un arsenal que se agrupa en la categoría de arma química o arma biológica. Según la declaración de armas de destrucción masiva, el uso de armas biológicas está considerado y también censurado por la Artículo III de The Chemical  and Biological Weapons Control and Warface Elimination Act (PL 102-182; 22 U.S.C.) 5601 and following) entrado en vigor el 4 de diciembre de 1991 (Mary Byrd Davis y Arthur  H.  Purcell, 100). Ergo, el nuevo COVID-19 tendría que presentarse como un virus natural, naciente de la fauna silvestre para eludir esta cláusula.

No sería la primera vez que se hace uso de sustancias químicas en el desarrollo de armas. Desde la Antigua Grecia se han usado sustancias químicas para causar daño a los combatientes enemigos; desde luego, este recurso se ha intensificado y refinado adquiriendo características masivas (Mary Byrd Davis y Arthur H.  Purcell, 42-43). Aun así, el carácter diferencial del SARS-CoV-2, particularmente, se juega en su escalonamiento y la rapidez con la que se instaló a niveles planetarios. Por otro lado, y siguiendo las declaraciones de la doctora Li-Meng Yan, se trata de un virus diseñado y liberado estratégicamente entre la población china, ello con una deliberada función y distribución, exportación y cura ya planificada. Además de su origen, el manejo de la pandemia, pese a los resultados favorables en su supuesto país de origen, son desastrosos, sobre todo en países que son potencias económicas desarrolladas, como en el caso de Estados Unidos y Europa. Este hecho parece confirmar una especie de ataque del país de origen a la actividad bio-económica de estos países. Siguiendo estas evidencias, se puede advertir que la propagación mundial del COVID-19 tiene implicaciones más allá de sus condiciones germinales. La puesta en marcha de una guerra, aún sin bandos y enemigos claros, ha evidenciado a las potencias bélicas y la dimensión claramente política de la ciencia.

 Ambas posturas, la versión oficial de la OMS y las declaraciones de la doctora Li-Meng Yan, han sido generadas desde una lógica hipotética que se sostiene, como en toda ciencia empírica, por medio de la probabilidad, incluso, poniendo en el centro una forma de la verdad como fundamento germinal. En este punto es cuando aparece un debate intenso entre las posturas oficiales y no oficiales que podemos equiparar con las versiones forenses y contraforenses. Los informes forenses sobre las causas de muerte, comúnmente usados en el aspecto criminal dan cierta legitimidad a los hechos y, por ende, a su lugar de procedencia. Sin embargo, en los últimos años, a causa de que estos informes oficiales eran usados con intereses particulares o gubernamentales, nacen posturas no oficiales que las contradicen o, mejor dicho, demuestran el carácter insuficiente de dichos informes. Así es como estos otros relatos que actúan en contra de las versiones oficiales pueden ser nombrados como contraforense.[1]

La administración de los discursos y las formas de veridicción, como ya hemos visto, van más allá de un fundamento germinal en torno a ciertos fenómenos del mundo contemporáneo. La operación de los contradiscursos no está en función de legitimar otra verdad sobre las oficiales, sino en desmontar una serie de discursos oficializados y legitimados institucionalmente. Más allá de la verdad, o veracidad, de los discursos oficiales (informes de la OMS) y su contrapunto (como es el caso de las declaraciones de Li-Meng Yan), lo que hizo evidente el carácter global del SARS-CoV-2, es que el uso efectivo de armas biológicas, en medio de una guerra no declarada, no depende ni opera desde un fundamento, ni teórico ni científico, y mucho menos desde una verdad de los hechos, sino desde la búsqueda de dicha verdad. Así es como en medio de la pesquisa por la verdad y el origen fuimos situados en el crisol de una guerra a nivel global. En ese sentido, deberíamos de interpelarnos sobre la necesidad, como una pulsión dada, de la búsqueda de la verdad original en medio de la ruina.

Al final del día, quizá no es relevante, en su dimensión contraforense, quién tiene la última palabra, sino cómo llegamos al reconocimiento de que la verdad germinal reorganiza la experiencia del porvenir.

Referencias:

Byrd M. y Purcell A. Weapons of Mass Destruction. Nueva York: Facts on File, 2006, Print.

Cortés, H. “Iker Jiménez entrevista a Li-Meng Yan, la viróloga disidente: ‘Para ella, el covid no es un virus natural’”. ABC España. (2020). Web. 23 de octubre de 2020.

Forensic Architecture. Hacia una estética investigativa. Barcelona-Ciudad de México: MACBA-MUAC, 2018, Print.

La redacción Proceso. “El coronavirus fue diseñado como arma biológica y liberado a propósito, acusa viróloga china” Revista Proceso. (2020): Web. 23 de octubre de 2020.

Monge, Yolanda. “Médicos de EE UU inocularon sífilis y gonorrea a prisioneros y enfermos mentales de Guatemala” El País. (2010). Web. 1 de octubre de 2010.

Palomo, Elvira. “El drama de los guatemaltecos infectados de sífilis por EE.UU.” BBC News. (2003). Web. 14 de abril de 2015.

Redacción. “EE UU afirma que el envío de cartas con ántrax es un ‘acto terrorista’”. El País. (2001). Web. 13 de octubre de 2001.

Tlaxcala y Ciudad de México, 25 de noviembre de 2020.


[1] La noción de contraforense opera como una herramienta de análisis que actúa en contra de los discursos orquestados desde el Estado o, en su defecto, los discursos oficializados: “Estos dos aspectos, el investigativo y el legal, se combinaron más tarde en el trabajo que desarrollamos sobre la ciencia forense, que podríamos calificar de contraforense, habida cuenta de que no trabajamos con la policía sino contra ella” (Forensic Architecture. Hacia una estética investigativa, 28).

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s