Una reconstrucción de reflexiones: ¿Qué más nos dice el cubrebocas?

José Luis López López

En su texto ¿Qué hay bajo el cubrebocas? Reflexiones de estufa Eliseo Bárcenas establece que no es posible observar la expresividad espiritual en el rostro del otro ya que este se encuentra cubierto por una mascarilla, consecuencia del COVID-19. Nos explica que si bien podemos inferir que bajo aquel cubrebocas se encuentran rostros humanos, conocer la expresividad requiere de su manifestación como totalidad; por consiguiente, algo siempre queda oculto. Sin embargo, más allá de las cosas que oculta el cubrebocas como puede ser la expresividad espiritual, también nos puede revelar una serie de elementos para generar una comprensión más clara de cómo se interpreta el hecho de usar una mascarilla en tiempos de pandemia. Así, guiaremos la presente reflexión a través de la siguiente pregunta: ¿qué representa usar un cubrebocas en el rostro?

Podemos observar una oleada de personas con mascarilla deambular por las calles de la ciudad, si bien usar esta prenda como medida profiláctica implica diversos motivos, en este texto solamente disertaremos sobre tres, los cuales suponemos son los principales. Comencemos con el miedo, tras observar una cantidad abrupta de personas que se vuelven portadores del virus, muriendo a causa del mismo, el pánico o miedo colectivo se manifiesta, pues tal como nos explica Marco Antonio Cruz en su texto El contagio del miedo: coronavirus y alteridad no se trata solo del contagio de un nuevo virus, también se propaga el miedo, hecho que motiva la utilización de un cubrebocas como medida de prevención. Nadie quiere morir, se preserva la salud personal más allá de una genuina preocupación por el colectivo. Así, usar una mascarilla manifiesta un temor derivado de nuestra vulnerabilidad ante el COVID-19.

Photo by Anna Shvets on Pexels.com

Pasemos al siguiente motivo, nos referimos al amuleto. Después de indagar en el uso motivado por el miedo, observamos una actitud diferente, más relajada con respecto al contagio. En efecto, apelando a una suposición ingenua de protección podemos inferir, seguido de lo planteado por Fernando Romo en su texto El cubrebocas ante el contagio, que una mascarilla se convierte en un artefacto en el cual depositamos cierta confianza, asumiendo que por el hecho de portarlo no seremos sujetos de contagio. Podríamos sugerir que el miedo se encuentra en el fondo de dicha confianza, es decir, si tenemos miedo de contagiarnos entonces usamos el cubrebocas para garantizar nuestra protección. No obstante, si fuera de dicha manera no habría una confiabilidad con respecto al cubrebocas, sino, debido al temor, nos encontraríamos en una incertidumbre constate, cuestionando si es verdaderamente efectiva la mascarilla que portamos. De esta manera, el amuleto nos muestra una actitud diferente pues refuerza una concepción en la cual asumimos que es imposible que nos contagiemos, tal como fue expuesto en nuestra colaboración previa  para el Pensar la pandemia. Philosophize with Facemask (“Imposible que yo me contagie: la posibilidad de la pandemia). En consecuencia, usar el cubrebocas como amuleto expresa cierta incredulidad de ser posibles candidatos de contagio: no creemos que sea posible que nos enfermemos ya que estamos usando nuestras mascarillas, como si su uso fuese una garantía.

Por último, para el tercer motivo designamos el uso del cubrebocas como requisito. Seguido de las medidas profilácticas de prevención recomendadas por la Secretaria de Salud, las diferentes plazas comerciales, los restaurantes, los supermercados, las instituciones médicas, las librerías, las dependencias de gobierno, los panteones, entre otros; exigen el uso de la mascarilla para acceder a sus servicios, para realizar algún trámite o para hacer una compra. Esta exigencia ocasiona que el uso del cubrebocas en la mayoría de los casos se considere un requisito, es decir, parece que su utilidad ya no contempla directamente la prevención del contagio, solo lo usamos en función de la necesidad de recibir un servicio o hacer un trámite. Ser consciente de nuestra vulnerabilidad ante el virus pasa a segundo plano. Así, observando los tres motivos más usuales por los cuales se porta un cubrebocas nos percatamos de un gran problema: su uso parecer depender de cuestiones externas e individuales las cuales implican el abandono de un compromiso con los otros; se vuelve un ideal utópico el cuidarse para cuidar a los demás pues desistimos de esa responsabilidad.

Puebla, Pue. 20 de agosto 2020

Referencias

Bárcenas. E. (8 de octubre de 2020). ¿Qué hay bajo el cubrebocas? Reflexiones de estufa, International Pandemic Project: Puebla, recuperado de pensarlapandemia.com

Cruz. M. (15 de septiembre de 2020). El contagio del miedo: coronavirus y alteridad, International Pandemic Project: Puebla, recuperado de pensarlapandemia.com

Romo. F. (9 de octubre de 2020). El cubrebocas ante el contagio. International Pandemic Project: Puebla, recuperado de pensarlapandemia.com

López. J. (1 de septiembre de 2020). Imposible que yo me contagie: la posibilidad de la pandemia, International Pandemic Project: Puebla, recuperado de pensarlapandemia.com

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s