De la superación del miedo: ¿temerarios o valientes?

Marco Antonio Cruz Martínez

Extraño, bien que muy habitual, amén de familiar a todos nosotros, es el alivio que sentimos y la súbdita irrupción de energía y valor que nos invade cuando, tras un largo período de desasosiego, ansiedad, oscuras premoniciones, días de aprensión y noches sin dormir, conseguimos finalmente enfrentarnos al peligro real: esa amenaza que podemos ver y tocar.

Zygmunt Bauman, Miedo líquido

La pandemia por COVID-19 ha planteado la generalización del pánico. El miedo a ser contagiado por un virus totalmente desconocido fuese experimentado de manera individual y colectiva; la forma y las circunstancias como se dio dicho virus (de manera repentina, desconocida y como una enfermedad altamente peligrosa y mortal) eran los elementos necesarios para el surgimiento de una época de miedo. En México fue en el mes de marzo cuando se registraron los primeros casos de coronavirus (1215), el incremento de personas contagiadas y muertas por dicha enfermedad aumentó en tan solo un mes de los primeros casos. Nuestro país contaba con 17000 personas contagiadas y 2000 decesos, en mayo los casos ascendieron 90664 contagios y 9930 defunciones; entre los meses de junio y julio se registró un incremento drástico, el 31 de julio México contaba con 424637 casos de contagio y 46688 muertes. Los meses de agosto y septiembre se registró la cifra de 733717contagios y 76603 fallecidos; a casi dos semanas del mes de octubre se han registrado 814000 contagios y 83642 muertes.[i]

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Día tras día nos dábamos cuenta de que el virus SARS-CoV-2 adquiría nuevas formas de propagación. Al comienzo se decía que se trasmitía por medio del contacto físico, posteriormente se descubrió que los asientos del transporte público, los carritos del supermercado, paquetería, propaganda y alimentados empaquetados podían ser una fuente de contagios. Se piensa que dicho virus también puede propagarse por medio del aire en lugares cerrados. El inventario sobre los lugares posiblemente infectados aumentaba al igual que los casos registrados, el coronavirus nos llevó a dudar de las cosas con las que ejercíamos contacto, de los alimentos que comemos, de las bebidas que bebemos y hasta del aire que respiramos; las cosas que conforman la cotidianidad del sujeto se volvieron objetos de peligro (elemento esencial del miedo),[ii] parecía que el miedo al contagio se volvía omnipresente en tiempos de pandemia:

Mas temible resulta la omnipresencia de los miedos; pueden filtrarse por cualquier recoveco o rendija de nuestros hogares y de nuestro planeta. Pueden manar de la oscuridad de las calles o de los destellos de las pantallas de televisión; de nuestros dormitorios y de nuestras cocinas; de nuestros lugares de trabajo y del vagón de metro en el que nos desplazamos hasta ellos o en el que regresamos a nuestros hogares desde ellos; de las personas con las que nos encontramos y de aquellas que nos pasan inadvertidas; de algo que hemos ingerido y de algo con lo que nuestros cuerpos hayan tenido contacto […]. (Bauman 13)

El miedo era la sensación que el sujeto tenía que experimentar ante la pandemia del coronavirus, el mundo se enfrentaba a un virus del que no se tenía conocimiento, totalmente desconocido y peligroso, no se poseía ninguna técnica o ciencia que le pudiera hacer frente; dicho virus se convirtió en una amenaza que ponía es riego la salud y el bienestar del sujeto. El miedo es la emoción que puede describirse “como el sentimiento de ser susceptible al peligro: sensación de inseguridad y vulnerabilidad” (Bauman 11), en otras palabras “«Miedo» es el nombre que damos a nuestra incertidumbre: a nuestra ignorancia con respecto a la amenaza y lo que hay que hacer -a lo que puede y no puede hacerse- para detenerla en seco, o para combatirla, si pararla es algo que está ya más allá de nuestro alcance” (Bauman 10).  

Si bien el coronavirus poseía todos los elementos necesarios para despertar la sensación de peligro, amenaza y vulnerabilidad y, con ello, crear en el sujeto el sentimiento del miedo, pareciera que el miedo al contagio fue una sensación que muy pocas personas pudieron experimentar. Al menos en México, el coronavirus despertó una serie de sensaciones excepto la de miedo; la frustración y el coraje fueron las emociones que más resaltaron al obligar que las personas portaran un cubrebocas, al clausurar torneos de fútbol y diversos deportes, al cerrar las iglesias, centros comerciales, cienes, bares y diversos lugares de entretenimiento. A pesar de las cifras antes mencionadas, el coronavirus también despertó el sentimiento de incredulidad, la mayoría de los sujetos afirmaba que el COVID-19 era una enfermedad que no existía, se valían de la hipótesis “lo creeré cuando lo vea”, “lo que vea será lo que creeré”.

¿A qué se debe dicha actitud? A pesar de todas las medidas sanitarias que se han adoptado para evitar la propagación del coronavirus, lo que no se buscó fue controlar y demorar la frustración del hombre, mientras se adoptaban diversas medidas de sanidad incrementaba la frustración del sujeto hasta provocar en él surgimiento de la incredulidad; frases como “no pasa nada si no me pongo el cubrebocas”, “de algo nos tenemos que morir” son muestras de que el COVID- 19 dejó se ser una amenaza y peligro para el hombre. El miedo a ser contagiados se ha superado, “Saber que este mundo en el que vivimos es temible no significa no significa que vivamos atemorizados -al menos, nos las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana”; que los tiempos de pandemia sean temibles no significa que la sociedad viva atemorizada, sino todo lo contrario, mientras más pasa el tiempo y aumentan los contagios le perdemos miedo al coronavirus, ya no es concebida como una amenaza que pone en riesgo la vida del ser humano

Nuestra sociedad ha podido suprimir al miedo del peligro, silenciar los temores de aquello que amenaza nuestra salud y vida; vivimos en una sociedad que no le teme a un virus que ha provocado millones de contagios y miles de muerte a nivel mundial se le ha perdido el miedo, ya no presentan un peligro, se ha superado el miedo al coronavirus y dicha acción ha hecho de lo sujetos ¿temerarios o valientes?  

Ciudad de Puebla, 11 de octubre del 2020

Referencias

Bauman, Zygmunt. Miedo líquido: la sociedad contemporánea y sus temores. Barcelona: Paidós, 2007.

Roas, David. Tras los límites de lo real: una definición de lo fantástico. Madrid: Páginas de espuma, 2011.


[i] Marca Claro, “Coronavirus México 29 de abril; resumen de las últimas noticias y casos de Covid-19”, Marca Claro, 29 de abril 2020, Web, consultado el 11 de octubre de 2020; Marca Claro, “Coronavirus México 31 de mayo; resumen de las últimas noticas, contagios y muertes”, Marca Claro, 31 de mayo 2020, Web, Consultado el 11 de octubre de 2020; El economista, “Número de casos de Covid-19 en México al 31 de Julio” El Economista, 31 de julio de 2020, Web, consultado el 11 de octubre 2020; Marca Claro, “Coronavirus en México este 29 de septiembre: Resumen de las últimas noticas, contagios y muerte. Marca Clero, 30 de septiembre 2020, Web, Consultado el 11 de octubre de 2020; El universal, “México registra 83 mil 642muerte por covid-19 y más de 814 mil casos”, El universal, 10 de octubre 2020, Web, consultado el 11 de octubre de 2020.

[ii] Para el literato David Roas, el miedo físico tiene como referencia la amenaza física, el peligro que se dirige y apunta al cuerpo, la salud y el bienestar de una persona. Cf. Roas, David. Tras los límites de lo real: una definición de lo fantástico. Madrid: Páginas de espuma, 2011, p. 82.

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