Salir a la calle en tiempos de pandemia ¿una decisión individual o colectiva?

José Luis López López

El inicio del confinamiento causado por el COVID-19 estuvo acompañado por una serie de medidas preventivas relacionadas con el bienestar físico y emocional de las personas. Se recomendó y recomienda realizar ejercicios básicos con el fin de cuidar nuestra salud; a su vez, se sugiere, de ser necesario, pedir apoyo psicológico. Esto nos muestra una incógnita más profunda que podemos abordar a través de las siguientes preguntas: ¿qué misterio guarda el confinamiento para la existencia? ¿salir a la calle es una decisión individual o debe involucrar al colectivo? En lo siguiente, observaremos a donde nos conducen estas interrogantes.

Una queja constante alrededor de la cuarentena se expresa a partir de la noción de repetición, en efecto, la rutina de despertar cada mañana en casa y realizar todos los deberes dentro de ella resulta con el paso de los días una actividad tediosa. Se aprecia el ritmo de estar afuera ya que ahí era posible crear una distracción, desde una charla con un amigo hasta una visita al cine. Nos encontramos, tal como Albert Camus lo señaló, en los muros del absurdo, los días pasan “con el mismo ritmo, es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo.” (27). Todo ello constituye una repetición constante, una habitualidad que ahora se vive dentro de casa con escases de distracciones. Así, frente al tedio creado por el encierro la mayoría pretende escapar y quizá por ello salir. Las calles se observan repletas de personas, salir a distraerse se toma de manera ingenua como una opción viable ante el encierro.

No obstante, ¿Qué consecuencias podría traernos tal distracción? Sin mencionar el posible aumento en el número de contagios, observamos que el riesgo siempre latente es la simplicidad y la despreocupación con la que se asume la situación de la pandemia. Por supuesto, al mantener la mirada hacia una posible distracción del confinamiento, abandonamos todo compromiso con nuestra comunidad. En consecuencia, se vuelve relevante cuestionarse si salir a la calle es un asunto meramente individual o implica una decisión que contemple al colectivo.

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 Salir a la calle en tiempos de pandemia parece ser una decisión que supone el encuentro con el otro, tanto los demás como yo somos personas vulnerables. En tal sentido, no se trata solo de cuidamos del contagio, se pone el acento en el cuidado de los demás. Quedarse en casa manifiesta una preocupación por lo otros, pues se intenta controlar el número de contagios, se desarrolla una responsabilidad colectiva donde, siguiendo a Hannah Arendt, “yo debo ser considerada responsable por algo que no he hecho, y la razón de mi responsabilidad ha de ser mi pertenencia a un grupo (un colectivo)” (152).

En suma, si bien la repetición vivida en el encierro nos coloca frente a los muros del absurdo, salir a la calle en busca de una distracción no es una opción viable pues dicha salida no solo involucra a cada uno en su dimensión individual, implica una responsabilidad con los demás, un compromiso en el cual no solo se trata del temor de contagiarnos sino debemos tomar en cuenta la responsabilidad de no contagiar a los demás.

Puebla, México, 28 de septiembre de 2020

Referencias

Camus, A. El mito de Sísifo. Madrid: Alianza Editorial. 1995. Impreso. 

Arendt, H. Responsabilidad y juicio. Barcelona: Paidós. 2007. Impreso.

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