Sobre el concepto de normalidad en la era de la pandemia

Jorge Andrés Calvo Chávez

En la mera cotidianidad, con la que se desenvuelve la vida, el cuerpo se convierte rara vez en un objeto de atención para el sujeto. Esta afirmación no busca negar el hecho de que este es capaz de ser percibido de una u otra forma, al margen de las acciones que se hacen en el día a día. El cuerpo, en la cotidianidad, no clama para sí la atención del sujeto, aunque pueda devenir como su objeto de atención. “Mientras dura una acción, la corporalidad es presupuesta sin necesidad de convertirse en co-protagonista para sobresalir de manera significativa dentro del campo de la intuición. En cierto sentido, el cuerpo únicamente aparece en el margen inatendido de la experiencia, en el fondo pasivo de la percepción, y aquí se muestra a sí mismo, además, en menor medida” (Serrano de Haro, 175). La atención recae en la acción misma y no en el particular modo con el que el cuerpo posibilita dicha acción. Si tal es la cuestión, entonces es preciso preguntar ¿en qué momento el cuerpo se vuelve un objeto que clama la atención de la persona? En la extrañeza y el dolor. En este tipo de experiencias se desgarra la dimensión de anonimidad con la que el cuerpo se desenvuelve cotidianamente. Sin embargo, la violencia con la que la aprehensión de la atención es llevada a cabo, se constituye como el hito entre estas dos experiencias. Esta última, la de la extrañeza, será el umbral mediante el cual se constituye una desavenencia entre la expectativa que se tiene de una experiencia y la experiencia misma.

Respecto a la extrañeza es preciso comentar que esta no se constituye únicamente en actos que muestran una amplia oposición a aquello que puede ser anticipado por una experiencia en particular, sino, se trata de un fenómeno muchísimo más rico que una simple contradicción entre expectativa y realidad, en vista de que esta abarca cualquier alteración más o menos significativa que se pueda experimentar.

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El cuerpo es la condición concreta de cada experiencia sensitiva y, como sistema kinestésico lleva a cabo la constitución de los objetos y del espacio. Por lo tanto, un cuerpo que funciona de forma normal es la precondición para cualquier forma de normalidad (Wehrle, 132).

La extrañeza se asume justamente como la carencia de ese subsuelo de experiencias que constituyen la habitualidad. Partiendo de esta concepción, se puede aseverar que la normalidad requiere forzosamente que el cuerpo sea asumido a partir de su estrato de anonimidad para que dichas experiencias sean el objeto de atención y no el cuerpo mismo.

 Si tal es la cuestión, entonces, es preciso regresar la mirada hacia el contexto actual con el que la pandemia del SARS-CoV-2se ha desarrollado y formular la siguiente incógnita. Si la normalidad que el cuerpo constituye se encuentra supeditada a su anonimidad: ¿qué sucede cuando la vida en pandemia obliga al sujeto a estar al pendiente de su cuerpo? El proceso de auscultación del propio cuerpo en búsqueda de posibles síntomas del SARS-CoV-2ha intervenido por completo la normalidad con la que la vida se solía desenvolver. “En estos días de incertidumbre por el coronavirus, los cuidados de salud deben ser más intensivos y sobre todo estar al pendiente de nuestros seres queridos para en caso de detectar síntomas relacionados con este virus actuar a tiempo” (Marca Claro). La constante vigilia sobre los síntomas que uno mismo puede presentar por el nuevo virus sitúa al cuerpo como un foco de atención, aunque no se presente ningún síntoma. “El miedo a contraer el SARS-CoV-2, conocido también como ‘coronafobia’, ha provocado un aumento de la ansiedad y el estrés entre la población, lo que ha disparado los casos de bruxismo en las consultas dentales de nuestro país” (Alonso).

La nueva atención que recae sobre el cuerpo en la era del coronavirus no se constituye como si se tratara de un objeto más que puede ser enfocado por la atención del sujeto, por el contrario, se habla aquí de una completa inversión del esquema atencional. Una acción cualquiera, por ejemplo, el estar cocinando es puesta en atención por la inmediata aparición de alguna sensación que pueda ser considerada como anormal, como un estornudo o un tosido que aparecen de la nada. Esta anormalidad puede no corresponder a la aparición del nuevo virus, es decir, uno no se tiene que infectar para poder dar fe de la extrañeza que le es inherente al cuerpo. Esta extrañeza, en la cotidianidad, siempre es inhibida y pasada de largo, en vista de que la persona es capaz de atribuirla a mil y un razones que no representan una causa de inmediata preocupación, y al hecho de que el interés es puesto en la acción misma y que el cuerpo no lo capta, sino que únicamente lo asume como un medio. Sin embargo, en la época de la pandemia un simple y llano estornudo se convierte en un presagio ominoso que delata la aparición del nuevo virus.

 Esta preocupación únicamente se exacerba a niveles insospechados cuando se toma en consideración que el SARS-CoV-2 se manifiesta de nuevas formas a las que en un principio se había creído:

Estas incluyen erupciones cutáneas, diarrea, anomalías renales y coágulos de sangre potencialmente mortales. No es inusual que los virus infecten y afecten directamente diferentes tejidos y órganos del cuerpo, pero es poco inusual que un virus primariamente respiratorio como el SARS-CoV-2, el cual es responsable por el COVID-19, tenga una gama tan amplía de manifestación en el cuerpo (Park).

No es posible hablar de una nueva normalidad como se ha hecho en los periódicos y en el discurso político, no hay normalidad a la que regresar mientras se viva en pandemia. La apertura de comercios y la implementación de medidas profilácticas como el uso de mascarillas y el distanciamiento social no hacen absolutamente nada por revertir el esquema atencional. Son problemas de distintas razones. La reapertura de la vida pública únicamente compete a las condiciones de salubridad de la sociedad, sin embargo, dicha reapertura se encuentra enmarcada en el continuo exhorto a la vigilancia de la aparición de síntomas relativos al SARS-CoV-2. Perpetuando de tal modo, la imposibilidad de que el cuerpo vuelva a su dimensión de anonimidad.

Ciudad de México, 01 de octubre de 2020.

Referencias:

Alonso, Sergio, “El estrés causado por la Covid-19 dispara los casos de bruxismo en las consultas dentales”, La razón, 24 de septiembre de 2020, Web, consultado el 26 de septiembre de 2020.

Marca Claro, “¿Cómo detectar si en mi casa hay un enfermo de coronavirus?”, Marca Claro, 08 de marzo de 2020, Web, consultado el 25 de septiembre del 2020.

Park, Alice, “Unusual Symptoms of Coronavirus: What We Know So Far”, Time, 19 de mayo de 2020, Web, consultado el 26 de septiembre de 2020.

Serrano de Haro, Agustín, “Pain Experience and Structures of Attention: A Phenomenological Approach”. En Simon van Rysewyk. Meanings of Pain, Springer, 2016.

Wehrle, Marlen, “Normality and Normativity in Experience”. En Doyton Maxime, et al. Normaitivity in Perception, Basingstoke: Palgrave McMillan, 2015.

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