Del miedo y sus derivaciones en tiempos de contagio

Marco Antonio Cruz Martínez

Nos era imposible creer que el sentimiento de lo terrorífico, el miedo y lo siniestro pudieran experimentarse por medio de relaciones interpersonales, comúnmente dichas experiencias eran consideradas como vivencias estéticas que tenían como principal referencia el horror; sin embargo, por medio del surgimiento del coronavirus, podemos observar que el miedo y sus derivaciones tienen la posibilidad de experimentarse por medio del contacto que implica cierto contagio.

El concepto de contacto no sólo tiene como referencia el tocar (el contacto se puede dar de manera visual, auditiva, por medio del olfato y lenguaje), sino es ante todo un modo de sentir y experimentar cierta sensación de aquello con lo que se mantiene en relación; dichas experiencias pueden ir desde la náusea, asco, repulsión, así como cierto tipo de placer o, incluso, en las relaciones interpersonales se puede experimentar el estado de ánimo de la otra persona con la que se ejerce contacto.  

El contacto ante todo es un sentir, un vivenciar, y en las relaciones interpersonales, es un sentir de las personas una con respecto a la otra; dicho concepto se compone del término de distanciamiento, ya que por medio de la distancia se puede mantener contacto con un objeto o persona. Según Edwar Hall existen cuatro distancias que ejerce el sujeto en su cotidianidad: la distancia intima, la cual se divide en fase cercana (0 a 15 cm y se centra en el tacto) y la fase lejana (15 a 45 cm, se da por medio de la vista, de manera auditiva y olfativa); la distancia personal, en su fase cercana va de los 45 a 75 cm (implica la vista el olfato y el oído), y en su fase lejana va de los 75 a 120 cm (se ejercen los mismos sentidos que en la distancia cercana); la distancia social en su fase cercana va de los 120 cm a los 2 m, en dicha fase “nadie toca ni espera tocar a otra persona” (Hall, 2003, 149), (queda excluido de manera radical el tacto y permanece la vista, el olfato y el oído), en su fase lejana (que va de los 2 a 3.5 m), se disminuye de manera exagerada el olfato, mientras que la vista y el oído sufren de distorsión; por último, la distancia pública en su fase cercana (que va de los 3.5 a los 7 m) queda excluido el olfato y en su fase lejana (9 m) queda excluido el oído (a menos que se ejerzan gritos o silbidos) y la vista sufre de severas distorsiones.[1] 

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Una vez descritas las distancias del antropólogo Edwar Hall, nos surge la pregunta ¿Qué sentires o vivencias nos pueden proporcionar dichas distancias durante la pandemia del covid-19? En tiempos de pandemia la única sensación que se puede experimentar ante el contagio es miedo; sin embargo, dicha emoción se manifiesta por medio de diversas sensaciones que, para su explicación, nos apoyaremos de las distancias anteriormente expuestas.

De la distancia pública (tanto en su faceta lejana como cercana 3.5 a 9 m)  podemos atribuir el surgimiento de la incredulidad; se trata de la imposibilidad que tiene una persona para creer que puede ser contagiada de COVID-19, en dicha distancia descansa la seguridad al no ejercer contacto con una persona u objeto posiblemente infectado, la tranquilidad aumenta si la mayoría de las personas que se encuentran alrededor de 9 metros portan un cubrebocas y si se encuentran al aire libre; es tanta la seguridad que aporta dicha distancia que en la mayoría de las casos las personas no creen necesario el uso de mascarillas faciales.

La distancia social en su faceta lejana ha servido como medida sanitaria para señalar la “sana distancia”, se cree que, si la mayoría de las personas ejercemos esta distancia en nuestras relaciones sociales, la probabilidad de contagio es muy baja. Sin embargo, por medio del distanciamiento que va de los 2 a 3.5 metros de separación, surge el sentimiento de peligro; se trata de cierta inquietud que se origina cuando una persona se encuentra más cerca con respecto otra, debido a que el acercamiento siempre despierta la posibilidad a ser contagiado; la sensación peligro es más intensa si observamos que la otra persona no aporta cubrebocas, estornuda o se frota la boca o nariz; en dicha distancia el otro es visto como un posible untador de coronavirus. En cuanto a la distancia social en su faceta cercana, es la causa necesaria para que surja sensación de repulsión; cuando se mantiene un distanciamiento que va de los 120 cm a los 2 metros, lo primera reacción del sujeto es buscar cierto alejamiento, se rechaza al prójimo y cualquier posible contacto y, por medio de dicho distanciamiento, se empieza a experimentar cierto miedo.

Por medio de la distancia personal, tanto en su fase cercana como lejana, puede surgir el sentimiento de lo siniestro (elemento necesario para el surgimiento del miedo); se trata de una emoción que surge cuando lo hogareño y lo familiar deja de serlo, lo siniestro es “aquello que le rebata a uno ‘país’ y ‘paisaje’, dejándolo literalmente desorientado, desconcertado” (Duque, 2004, 24); se trata de una sensación que surge cuando de lo cotidiano y lo común deviene el temor, la inseguridad y el pavor.

En la pandemia del coronavirus lo siniestro surge cuando la otra persona, o a la alteridad, deja de manifestar amistad, ayuda y solidaridad para reflejar temor y pavor; en dicha acción, aquello que nos era tan familiar y hogareño deja de serlo y se convierte en un objeto, o lugar, que manifiesta peligro y un alto riesgo de contagio que representan una amenaza a la salud y al bienestar.  

Por último, de la distancia íntima devine el miedo y el terror; el miedo es la sensación que surge cuando el sujeto toma conciencia de un peligro presente y agobiante que amenaza su vida y salud; dicha sensación de miedo se da por medio de lo siniestro. En cuanto a lo terrorífico, “Decimos que algo es terrorífico en cuanto nos saca de quicio, haciendo que se ponga en cuestión, en entredicho, todas nuestras convicciones y nuestra propia cosmovisión” (Duque, 2004, 31), en lo terrorífico no hay domesticación ni un retorno a lo familiar, dicha sensación disminuye cuando logramos evadir aquello que nos resulta terrorífico. El acercamiento de una persona por medio de una distancia intima, en tiempos de pandemia, despierta la sensación de miedo y de lo terrorífico; miedo porque el sujeto toma conciencia de aquello con lo que establece contacto, en especial físico, representa un alta posibilidad de contagio; terrorífico porque el contacto que se da por medio del tacto o bajo una distancia muy cercana, pone en duda aquello que se toca, las convicciones sobre lo que se toca se arruinan debido a que ese lugar o persona puede ser un lugar de contagio, un posible portador de un virus. Ante el miedo a ser contagiado, y bajo la duda que proporciona lo terrorífico, se han desarrollado una serie de acciones violentas contra el personal médico o personas enfermas de coronavirus; en dichos casos el miedo y el riesgo de contagio hacen que el sujeto realice cualquier acción violenta con el fin de salvaguardar su salud.

Como podemos observar, el distanciamiento y el contacto pueden provocar en el humano el surgimiento de diversas emociones, así que para que el individuo goce de una tranquilidad lo más recomendable es guardar una distancia absoluta y llevar acabo diversas medidas sanitarias, aunque dichas medidas no dejan de despertar la sensación de miedo y lo terrorífico si una persona se acerca demasiado o ejerce una distancia íntima.

Ciudad de Puebla, 28 de septiembre del 2020.

Bibliografía

Duque, Félix. Terror tras la posmodernidad. Madrid: Abada editores, 2004. Impreso.

Hall, Edward. La dimensión oculta. Trad. Félix Blanco. México, D.F., Siglo veintiuno, 2003. Impreso.

Roas, David. Tras los límites de lo real: Una definición de lo fantástico. Madrid: Páginas de espuma, 2011. Impreso.


[1] Cf. Hall, Edward. La dimensión oculta. México D.F., Siglo veintiuno, 2003, pp. 139-154.

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