El coronavirus y Lorenzo Pérez Jolote

Antonio Duran Ruiz / José Martínez Torres

El 17 de julio de 2018, arribamos al pueblo de San Juan Chamula con el médico Ramiro Camacho Pérez, la enfermera Blanca Gladis, el librero Gabriel Escalona, la psicoanalista Raquel Nieto y la arquitecta Marcela Venegas; nos dirigíamos a la localidad de Cuchulumtic para visitar a Lorenzo Pérez Jolote, hijo de Juan Pérez Jolote, personaje principal de la novela Juan Pérez Jolote. Biografía de un tzotzil, se trata de uno de los volúmenes más importantes de la cultura mexicana, reditada varias veces por el Fondo de Cultura Económica y traducida a diversas lenguas. El joven tzotzil Andrés López nos ayudó a encontrar la casa de Lorenzo en Cuchuluntic, un lugar tranquilo donde abundan los cultivos de hortalizas.

Lo habíamos visto por primera vez el 22 de junio del mismo año en el Colegio de Bachilleres de Chiapas de San Juan Chamula durante un coloquio relacionado con el setenta aniversario de la publicación de Juan Pérez Jolote. Nos invitó a esa ceremonia Florentino Pérez. Lorenzo estuvo a nuestro lado en el presídium; quisimos platicar con él pero no fue posible porque tenía “los oídos tapados”. Sin embargo, cuando vio la silueta del personaje en la portada del libro, señalándola con su dedo dijo en español: “Mi padre”, como si un niño se expresara a través de aquel humilde anciano de 81 años.

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Unos días más tarde, recurrimos al apoyo del médico Ramiro Camacho para que auscultara los oídos de Lorenzo; el doctor, amigo nuestro, aceptó amablemente; fuimos, pues, a Cuchulumtic; encontramos al hijo de Juan Pérez Jolote viviendo en condiciones precarias; además de su estado de pobreza, nos dijo que tenía sus oídos dañados por la rama de un árbol que lo golpeó cuando lo estaba podando; también tenía dificultades para caminar debido a la “la gota”;  Ramiro Camacho dijo, después de revisar sus oídos, que era necesario trasladarlo a su clínica de San Cristóbal de las Casas para realizar ahí una buena curación; una vez que se trasladó a ese sitio, hizo la curación y la limpieza requeridos con lo cual Lorenzo dijo que su audición mejoraba.   

Nuestro guía, Andrés López, pidió a Ramiro que también examinara los oídos de su abuela, quien “tenía 101 años y tampoco escuchaba”; fuimos a casa de la señora; al fondo de un largo patio de tierra apisonada, flanqueado por muchas plantas, había cuatro mujeres, tres de ellas laboraban en telares de cintura; una era la abuela; otra, la madre, y las demás, las hermanas de Andrés.

Después de inspeccionar los oídos de la abuela, el médico dijo que estaban totalmente dañados, que tal vez podrían mejorar mediante algún dispositivo pero antes se debían realizar estudios de audiometría en Tuxtla Gutiérrez. A la hora de despedirnos, Andrés se dispuso acompañarnos a la salida; antes de hacerlo, acercó su boca a los oídos de su abuela y le habló tiernamente en lengua tzotzil; sus palabras parecían abrazar el corazón de la anciana. El médico dijo que nada se le debía; lo dejaba satisfecho contribuir un poco a mejorar la situación del hijo del legendario Juan Pérez Jolote.

A principios de 2019 volvimos a Cuchulumtic y tratamos de platicar con Lorenzo; observamos que su audición no había mejorado mucho. Entonces conocimos a su hermana, que parecía contener un pedazo de cielo en los ojos; estaban también su esposa, su hija, su nieta y su yerno. Las dos primeras sólo hablan tzotzil. Por su yerno, que además de su lengua madre hablaba español, nos enteramos que uno de sus hijos se había marchado desde hacía años a Yucatán o Quintana Roo y no se sabía nada de él.

Lorenzo Pérez Jolote dijo que, aunque era niño, recordaba cuando Ricardo Pozas visitaba su casa, que el antropólogo y su padres realizaban constantes salidas a diversos lugares de la región. Siempre los acompañaba una persona que dibujaba paisajes y personas.

También dijo que un investigador japonés, interesado en la obra de Pozas y en la pieza principal que fue Juan Pérez Jolote, lo había visitado hace años y le había regalado unos dispositivos auditivos con el objeto de poder platicar con él. El japonés escribió un libro de estas entrevistas y le obsequió un ejemplar, pero Lorenzo lo prestó a un amigo que “ahora parece que vive en Rincón Chamula”. El japonés nunca más volvió y  Lorenzo extravió los dispositivos auditivos que durante un tiempo le fueron de gran ayuda.

Nosotros volvimos a Tuxtla Gutiérrez a impartir nuestras clases en la Universidad, a atender sus exigencias académicas y administrativas. A principios de 2020, y gracias a la instauración de un nuevo gobierno en México, decidimos gestionar apoyos para mejorar las condiciones de salud de Lorenzo Pérez Jolote; debido a que es difícil entendernos por teléfono con su yerno, decidimos ir a Cuchulumtic. Cuando estábamos por realizar el viaje, a mediados de marzo, surgieron los primeros enfermos y muertos por efecto del coronavirus, así que tuvimos que posponer la visita.

Escribimos esto a finales de septiembre de 2020. Esperamos el visto bueno de las autoridades sanitarias para realizar la nueva visita a fin de conocer el estado actual de Lorenzo. El médico que realizó curaciones en su oído, Ramiro Camacho, enfermó precisamente de coronavirus a mediados de agosto y falleció a finales del mes dejando dos niños pequeños. Él combatió infatigablemente la pandemia que lastimaba a la gente más desposeída. Este ensayo es un homenaje a su desinteresado trabajo.

Lorenzo Pérez Jolote es respetado por quienes lo conocen, se refieren a él con el nombre de “El expresidente”, porque lo fue de San Juan Chamula de 1991 a 1992. Lo destituyeron por regalar biblias a sus paisanos.

Ante la sitación actual de Lorenzo y su familia, nos formulamos las siguientes consideraciones: Si Juan Pérez Jolote. Biografía de un tzozil es considerada una de las mejores novelas indigenistas en Hispanoamérica, al nivel de Los río profundos de José María Arguedas, en donde la voz del informante de Ricardo Pozas fue central para la elaboración del texto, ¿por qué sus descendientes viven en situaciones tan deplorables?, ¿por qué los antropólogos y las autoridades estatales y federales e importantes instituciones culturales y universitarias han soslayado esta realidad? Parece ser que no hemos sido dignos de nuestros valores.

Por cierto, Maura Lilia Gómez, una joven tzotzil de San Juan Chamula y estudiante de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana de la Universidad Autónoma de Chiapas, dijo que en ese pueblo las autoridades ofrendaron rezos y velas a los cerros principales para que no dejaran pasar al coronavirus, y cuestionó la visión de los kaxlanes[1] sobre esta pandemia:                                                                                                                                                                                                                                              

“La vida se detuvo”, se oye decir en la tele y la radio, pero no en San Juan Chamula; la gente sale a la plaza, al mercado, a la iglesia; lo demás se detuvo, nosotros no; según los kaxlanes, nosotros no avanzamos, estamos atascados por nuestras costumbres y tradiciones; si supieran que el coronavirus nos está salvando, tal vez los alcancemos ahora y estemos en sintonía, quizás ya los rebasamos; nuestras tradiciones nos protegen y defienden; las velas y los rezos son suficientes para nuestros corazones.

Tuxtla Gutiérrez, 24 septiembre, 2020.


[1] Kaxlanes llamas los tzotziles a las personas que no son indígenas.

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