La historicidad de una pandemia

Rodolfo Macías Moreno

Este artículo intenta responder a la pregunta ¿cuál es el estatus histórico (mas no historiográfico) de una pandemia? Para responderla tenemos que saber que esto requiere pensar no tanto la historia de las pandemias como momentos separados sino en su historicidad. Recordemos que el concepto de historicidad evoca una relación inherente al ser humano y su historia, o como diría Hegel: entre el pensamiento y la historia en una constitución unitaria. Desde la noción de historicidad debemos efectuar un giro conceptual, es decir, pasar del aprender el hecho (frío y desnudo) a comprender el nexo histórico que constituye a final de cuentas la historia universal.

Si es verdad que se considera que los momentos que constituyen la historia de la humanidad son aquellos que irrumpen con una fuerza y un alcance mayor en el momento, no como mera coincidencia o casualidad, sino que detrás de ellos funciona una racionalidad inherente. Ese aparecer motivado por tal razón fundamental es lo que puede llamarse aquí “una historia conexa”. Pensando precisamente esta constitución, podemos mirar un poco alrededor en tiempos de COVID-19. De ello se puede obtener como primer resultado una polaridad que envuelve al concepto negativo de historia que aquí queremos eludir: primero, vemos que existe un desconocimiento generalizado, aún a estas alturas de la pandemia, de la historia de las pandemias aunada al devenir histórico de la humanidad. Sin embargo, apelando al concepto de historicidad, debe uno indagar ¿hasta qué grado hemos logrado concebir una verdadera comprensión histórica de la actual pandemia? o en otras palabras, ¿hasta qué nivel hemos conseguido racionalizar el devenir de las pandemias dentro de la historia humana? Estas preguntas nos permiten alejarnos de aquellos polos ya mencionados.

La historia a la que pertenecen también las historias de las pandemias, puede racionalizarse (es decir, no está liberada a una suerte de azares o una indiferencia por parte de los sujetos que la escriben). Todo lo contrario sucede aquí, pues recordar las epidemias y pandemias en México puede resultar apremiante para la comprensión histórica buscada. Así, por ejemplo, el “catarro pestilencial” de 1450-1456, que reproducía síntomas como afecciones en las vías respiratorias y que ahora es catalogada por algunos como un tipo de influenza (Ydirín), acaeció en un momento en que se registraron tres nevadas que afectaron los cultivos y dificultaron la adquisición de alimentos (Toche). En caso de enfermar el paciente tenía un par de opciones: esperaba recuperarse o decidía migrar, esto es, se quedaban en casa aguardando el alivio o la muerte (por la enfermedad) o se arriesgaban a buscar alimentos en otra parte, ignorando que con ello se expandiría la cantidad de contagios. Hasta esta fecha, solamente quedó aquél suceso bajo el apelativo de “epidemia”. Pudieran citarse más casos en la historia, sin embargo, en su mayoría han sido consideradas epidemias. 

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Pasemos pues a hablar sobre la gran pandemia mexicana de 2009, es decir, el virus A H1N1, que se expandió desde México a otros países. Desde el punto cero, la Gloria, en Perote Veracruz, fue considerado como un brote de “influenza porcina” (Ydirín). Los síntomas eran los siguientes: aparición de fiebre súbita superior a 38º C., tos, dolor de garganta, congestión nasal o dificultad respiratoria grave (González, Orraca y Sanabria). Como puede notarse, la sintomatología de éste no era tan distinta a la del “catarro pestilencial” ni lo es a la del actual COVID-19; esto debido a que se trata de enfermedades que se contagian por vías respiratorias. Tampoco es distinta la problemática del contagio, la migración, movilización de todos los días, fallecimientos o el confinamiento de los contagiados. Estos son hechos que históricamente se repiten, es decir, que permanecen como una huella (tomando el vocablo de Derrida,[i] aunque con un fin distinto) a través de los distintos momentos en que acontece la enfermedad a gran escala. Es así que pueden variar las cantidades de síntomas, infectados, fallecidos y puede haber cambios de regímenes o estructuras socioeconómicas. Sin embargo, en su mayoría los síntomas se repiten, las instrucciones para subsistir lo han hecho también, así como la idea de movilización, la muerte y el aislamiento. Estos conceptos son de carácter “nexológico” (perdónese el neologismo), porque conectan simbólica y existencialmente esa historia de las pandemias, incluida la actual por el SAR-SCoV-2.

En fin, las pandemias dentro de este entramado son hechos que tienden a reaparecer, porque con nosotros y con nuestra historia ellas también se despliegan. Por ende, sería inútil pensar en un mundo sin pandemias pasadas o futuras, así como es un absurdo pensar la historia humana y personal sin enfermedades. En conclusión, sólo la comprensión de las pandemias puede hacernos entender su carácter arraigado a nosotros (a la humanidad); eso significa aceptarlas en nuestra historicidad, sacarla de la “historia escrita’ y lejana que debe ser aprendida en los libros de historia de las siguientes generaciones. Y este punto es en todo caso fundamental, pues algo que esta generación debe aprender, sobre todo para la educación en el porvenir, es educar desde el carácter de historicidad de las pandemias (las epidemias o la enfermedad), es decir, mostrar que éstas son también resultado de nuestro obrar (o bien, que de igual forma lo determinan), que nos acompañan a lo largo de la historia, que obedecen siempre a razones y que el número de las estadísticas epidemiológicas también tienen voluntad propia. En pocas palabras, debemos apostar a la comprensión de los factores que conectan la historia de las pandemias, para que cuando acontezca nuevamente la catástrofe (trayendo el concepto discutido por Lucas Méndez),[ii] dicha comprensión sirva para aligerar el azote; para que no solamente se aprendan y se reciten repetidamente en los medios de comunicación y en las entradas de los establecimientos públicos; para que cuando vuelva a acaecer, el sufrimiento del otro, su necesidad de buscar sustento, su soledad y tristeza de las perdidas, no nos sean indiferentes.

Tlaxcala, 20 de septiembre de 2020


[i] Derrida utiliza este vocablo de manera muy específica en “La retirada de la metáfora”, texto que forma parte de un libro llamado Jaques Derrida La deconstrucción en las fronteras de la filosofía en la edición española de Patricio Peñalver. Ahí se menciona que la huella es algo que a un mismo tiempo está trazado y borrado, vivo y muerto. Ahora bien, esta tensión entre lo vivo y lo muerto, eso que se conserva y que, por otra parte, ya no está, es lo que aquí llamamos ‘nexo’ y es lo que subyace a nuestro concepto de repetición.

[ii] En su ensayo “No volvamos a la normalidad porque en la normalidad está el problema”, Méndez resalta algo de vital importancia del concepto “catástrofe”. Él se encarga de observar en su etimología algo fundamental, a saber, que se trata de un “cambiar las cosas para peor”, que no hay un remedio posible, lo que se ha perdido es irrecuperable, que se trata de una situación sin precedentes donde el porvenir se vuelve incierto. Nosotros intentamos recuperar ese sentido de lo catastrófico (aunque nuestra investigación defiende que el precedente es más que claro desde la idea de historicidad), puesto que un acontecimiento tal como éste plaga el porvenir de incertidumbre y lo limita en la angustia. Eso nos sirve para argumentar aquí que la comprensión no reducirá la catástrofe, aunque logra que encarnemos la idea de que somos el sujeto al que ese desastre afecta.

Referencias

Derrida, Jaques, “La retirada de la metáfora”, Jaques Derrida. Deconstrucción de las fronteras de la filosofía. Barcelona: Paidós, 1989.

González Valdés, Laura Margarita, Orraca Castillo, Odalys & Sanabria Negrín, José Guillermo, “La influenza A (H1N1): estado actual del conocimiento”. 13 de enero de 2010. WEB.

Hegel, G. W. F., Enzyklopädie der philosophischen Wissenschaften im Grundrisse III. Frankfurt am Main: Suhrkamp Verlag, 1970.

Méndez, Lucas, “No volvamos a la normalidad porque en la normalidad está el problema”, La fiebre. ASPO, Abril 2020.

Romero Contreras, Arturo, “Y sin embargo…”. Pensar la pandemia. La emergencia. México: Creative Commons, 2020.    

Toche, Nelly, “Las pandemias fueron un factor clave para la caída del imperio mexica”. El economista. 20 de abril del 2020. WEB.  

Ydirín Alonso, María de Lourdes, “Epidemias en México”. Abril de 2018. WEB.

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