Habitar en tiempos de Pandemia (XVI)

José Antonio Mateos Castro

Después de un instante de silencio por salud fisiológica, mental y emocional, acompañado del arraigo domiciliario; a punto de redactar mi colaboración para el proyecto “Pensar la pandemia Philosophize with Face Mask”, convoco a los demonios todos que me habitan y dejo en este momento que “el mundo que te (me) rodea se esfume en lo indistinto” (Italo Calvino).[i] He despertado como Gregorio Samsa (Kafka), después de un sueño intranquilo, con un mundo que todavía se encuentra patas arriba, sin horizontes claros, con un virus que no deja de acecharnos y con su esperanza de que lo virtual venga a salvar el curso del desastre que habitamos. Siento una incomodidad con este mundo que ya no reconozco, como un no lugar.

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La universidad, como una comunidad de ciudadanos y espacio de socialización, aquello que le da sentido a la enseñanza y a nuestra vida, se ha perdido. La universidad sin profesores, estudiantes y todos aquellos que la hacen posible es un espacio vacío, ¿virtual? El lujo hoy son las relaciones humanas rostro a rostro (Saint Exupéry); el encuentro entre la comunidad universitaria por el momento es imposible. Y nuestra disciplina, la filosofía, tuvo que bajarse de su pedestal, al corazón del tiempo para poder decirnos algo sobre ella y del mundo que estamos habitando; ha dejado de lado su soberbia y su carácter totalizador, es decir, la pandemia vino a provocarle, a ponerla en crisis cuando tradicionalmente se consideraba que era ella quien ponía en crisis al mundo, al establishment. Algo sano de lo negativo que hay en este momento.

Algunos aspectos que sin duda alguna se han transparentado son las contradicciones sociales, políticas y económicas y, por supuesto, la salud que guardaban los sistemas de salud públicos del mundo. Pero, sobre todo, un aspecto que destacamos, el racismo, aquello que decía Ralph Ellison en El hombre invisible[ii],

Soy un hombre invisible… Soy un hombre real, de carne y hueso, con músculos y humores, e incluso cabe afirmar que poseo una mente. Sabed que si soy invisible ello se debe, tan sólo, a que la gente se niega a verme. Soy como las cabezas separadas del tronco que a veces veis en las barracas de feria, soy como un reflejo de crueles espejos con duros cristales deformantes. Cuantos se acercan a mí únicamente ven lo que me rodea, o inventos de su imaginación. Lo ven todo, cualquier cosa, menos mi persona.

 Pero qué puede ser más visible en nuestro mundo que las diferencias, el color de nuestra piel, nuestras preferencias sexuales, nuestra condición social, en suma, la discriminación. Es decir, paradójicamente la visibilidad o invisibilidad señalan lo mismo: las diferencias de todo tipo, por eso no es gratuito que Ellison al final de su obra se pregunte, como nos preguntaríamos nosotros en esta nueva normalidad,

¿Qué otra cosa podía hacer teniendo en cuenta que soy un ser invisible, sin substancia, que soy tan sólo una voz? ¿Podía hacer algo más que contaros lo que verdaderamente ocurría cuando vuestros ojos me miraban sin verme? Ahora, la interrogante que más me preocupa es: ¿Ha sido mi voz eco, aunque débil, de la vuestra?

 La cuestión es si la pandemia ha movido y conmovido nuestro modo de ser y nuestro modo de relacionarlos con los otros, con el mundo. ¿Habremos aprendido algo ya?

Así como la pandemia ha hecho visibles muchas cosas, también nos ha quitado algunas de nuestros horizontes existenciales y vitales; seres queridos y conocidos, tal vez familiares que ya no están, que se han hecho invisibles o más visibles ahora con su ausencia física. Situación que hará más difícil de habitar la “nueva normalidad” y sus nuevos dispositivos. Sin embargo, quisiéramos que, como afirma Saramago en Las intermitencias de la muerte[iii], que la muerte suspendiera su trabajo letal, que la gente dejara de morir, nos dice, “Al día siguiente no murió nadie.” Esa pequeñísima distancia entre lo efímero y lo eterno, esa perplejidad ante la impostergable finitud de la existencia. Sin embargo, nos preguntamos ¿Y luego qué? Pues, mientras sea posible el reencuentro y la resignación por nuestros amigos y seres queridos que ya no están; abramos la puerta, levantémonos y quienes aún estamos prendamos las estrellas…

Ciudad de Tlaxcala, México, 18 de septiembre de 2020


[i] Cfr. Si una noche de invierno un viajero. España, Siruela, 2019.

[ii] Consultado en https://afrocolombia.webnode.es/_files/200000043-3e58d404c3/Ellison-Ralph-El-Hombre-Invisible.pdf

[iii] Consultado en https://www.derechopenalenlared.com/libros/las-intermitencias-de-la-muerte-saramago.pdf

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