Impresiones

Luis Avena

Se tiene la impresión de que nuestro gobierno ha organizado la epidemia según sus necesidades. El semáforo naranja ha tenido el objetivo de reactivar las actividades económicas, diciendo que la transmisión del virus va a la baja. Parece que septiembre será el preámbulo de lo que vamos a ver como la entrada a otra etapa en octubre; se pensaba que el gobierno no tenía intereses económicos. Incluso se han forjado conceptos como el de la nueva normalidad, que se ha caracterizado por su ambigüedad y su equivocidad. ¿Cuál era la diferencia entre el semáforo rojo, el naranja y la nueva normalidad? Sin duda, desde que apareció el anuncio de la nueva normalidad, la mente de muchas personas comenzó a proyectarse en caminatas, haciendo compras, retomando actividades hasta entonces restringidas. El presidente ha apoyado tales pensamientos, argumentando que hay que dejar de tener miedo y comenzar a salir, pero sobre todo hay que ser “positivos”. Ha dicho que hay que ser soñadores.

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Se tiene la impresión de que el diagnóstico de salud pública que dice que las condiciones de diabetes y obesidad dificultan el tratamiento de la epidemia, sin decir que las condiciones intelectuales del grueso de la población es también una agravante. Se ha visto en todo este periodo de confinamiento diferentes pensamientos y modos de encarar la situación. Se ha demostrado cómo es que el desarrollo intelectual se ha estancado en la etapa pre-racional de la superstición. Se dice que el gobierno inventó al coronavirus; que cuando uno va al hospital, implantan microchips y de paso transmiten el agente maligno; que el gobierno quiere asesinar a las personas, sobre todo a los ancianos y se preguntan ¿en serio creen que el gobierno pueda ser tan malo? Se puede observar también en la relación con los objetos. Por un lado, el miedo de tocar las cosas que puedan tener el virus impregnado se ha visto en muchas personas que se sienten en riesgo. Por otro lado, el cubrebocas toma un poder de amuleto frente al virus (sobre todo cuando las personas lo portan en cualquier parte de su rostro y cabeza). La negación como forma de enfrentar la situación es un mecanismo de defensa primitivo que impide que la mente colapse cuando es incapaz de entender una situación que excede sus fuerzas. Se dice que “si no pienso en eso, no me pasará nada”; “si yo decido creer que no existe, entonces no existe”; “hay que ser positivos para que se resuelvan las cosas”. Con esos recursos intelectuales se ha encarado esta situación.

El pensamiento supersticioso de este semáforo se ha distinguido por la mente que capta los peligros y lo maligno en los signos y en los detalles, pero también en los delirios de grandeza que piensan que no les puede suceder nada y que son capaces de captar lo que nadie más es capaz de captar, como le sucede al subsecretario de salud y al presidente. Esta forma de pensar está impregnada por todas partes, por todos los rincones sociales y lugares burocráticos. Se dice al exterior que se ha subestimado la epidemia, pero al interior reina la ambigüedad y la fe en las estimaciones de una mente maestra. Es claro que ya no habrá retroceso en ninguna de las etapas y, por ahora, tampoco habrá ningún progreso hacia el pensamiento racional.

Esta impresión se ha tenido en esta etapa en semáforo color naranja.

Ciudad de México, 25 de agosto de 2020

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