COVID-19: un tranvía sin frenos. Su nacimiento y su llegada a un territorio hostil. (Narrativas en tiempos de furia V)

Fernando Solis Luna

Articulamos y desarticulamos imaginarios que dan sentido a cada una de nuestras experiencias. Encontramos en el tintero del mundo imágenes que nos hacen posible construir ideas, conceptos y palabras con los que moldeamos paisajes desde el germen de lo verosímil. Lo que se encuentra fuera de nosotros es nombrado, descrito, desarticulado, axiomatizado desde el registro de la creación. El poeta hace cantar el amanecer y permite el llanto a la noche, es decir, su voz posibilita el nacimiento y el acto. Lo enuncia y lo hace visible. Entonces, existe algo. Ha nacido una posibilidad. Todo nace desde un discurso.

Habitamos poéticamente esta tierra. Por lo que hasta la más miserable condición de vida tiene nombre y nacimiento. Las enfermedades, en este caso, nacen, son nombradas. Nos encontramos, pues, ante la posibilidad de marcar el nacimiento incluso de aquello que nos puede mantener invariablemente en un periodo largo de incertidumbre gracias a la palabra. Nuestra actual situación sanitaria tiene, en efecto, un nombre: pandemia. Por otra parte, también posee registro de nacimiento y enunciación. En ese sentido han marchado una gama variopinta de imágenes que han devenido discursos para construir narrativas verosímiles sobre nuestro presente pandémico.

Photo by Gustavo Fring on Pexels.com

Lo primero a destacar en este caso es la concepción misma de pandemia que no podemos disociar del concepto virus: el patógeno que enferma. Entonces un estado pandémico exige la aparición de una enfermedad que lacera o enferma a un cuerpo. En ese movimiento entra en juego el ser humano. Un animal racional con cuerpo natura, por lo tanto, animal que posiblemente puede enfermar. De hecho, se dice, algunos virus llegan a enfermarlo. El caso de los coronavirus es muy particular. Definidos como patógenos que se transmiten entre animales-bestias y humanos-animales, han sido los causantes de nuestra actual crisis sanitaria que puede traducirse en crisis social. Pero ¿cómo inició esta crisis? ¿Cuándo y cómo la enunciamos?  

            A finales del año pasado se creía que existían sólo 6 especies de coronavirus. Las cuales, claro, han sido nombradas y descritas. Sin embargo, es menester mencionarlo, el nombramiento en sí mismo no es lo que les hace existir. Se nombran en el momento en que modifican tanto el cuerpo como el pensamiento de aquellos que son susceptibles a ellos. El nombrarlos sólo los hace aparecer como parte de nuestro mundo de significado. Antes de ello ya estaban ahí, pero no los habíamos re-conocido.

Así, han sido nombrados 6 patógenos que pertenecen a la gama de los coronavirus. Tenemos, por una parte, al HCoV-229E, al HCoV-OC43, al HCoV-NL63 y al HKU1 que provocan infecciones leves en el tracto respiratorio superior. Por otra parte, están los más conocidos por su alto nivel de contagio y son el MERS-CoV (coronavirus causante del Síndrome Respiratorio de Oriente Medio) y el SARS-CoV (responsable del Síndrome Respiratorio Agudo y Severo). No cabe duda, describimos, nombramos y codificamos discursos para dar al ámbito de lo real una constitución verosímil de lo que nos lacera o causa daño desde un presente dado.     

Ahora bien, con relación a nuestra situación actual, en la escala temporal fue entre los días 11 y 12 de enero del año en curso en que la Organización mundial de la Salud (OMS) recibió un informe muy detallado sobre el descubrimiento de una especie distinta de coronavirus originaria de Wuhan, China, el SARS-CoV-2. Su nombramiento significaba que un nuevo ente patógeno había llegado a la vida de la humanidad para enfermar un mundo construido desde la transformación monetaria y la cuantificación de los cuerpos. El 21 de enero la OMS hacía pública información referente al caso y sostenía que había “[…] pruebas bastante concluyentes de que el brote se había originado por exposiciones en un mercado de pescados y mariscos de la ciudad de Wuhan”. Para ese momento las autoridades sanitarias mencionaban que no se había “[…] registrado ningún caso de infección entre el personal sanitario y no [había] pruebas claras de que el virus se [contagiara] entre personas”.[i]

Las autoridades chinas continuaron intensificando la vigilancia, aplicando medidas de seguimiento y ampliando los estudios epidemiológicos. El panorama parecía alentador y se reforzaba la buena venturanza cuando las primeras investigaciones epidemiológicas señalaban que la mayoría de los casos eran trabajadores del mercado mayorista de pescados y mariscos de Huanan, en Wuhan, o bien manipuladores y visitantes habituales del mercado. De acuerdo con la información emitida por las autoridades, no había pruebas claras de que el virus se contagiara entre personas. Por obvias razones, tanto el sector salud de China como la propia OMS se congratulaban, pues el peligro no parecía existir.

No obstante, estas primeras aproximaciones a lo desconocido no serían del todo acertadas, pues con el paso de los días los contagios crecieron en sobremanera hasta que la tragedia devino visible, insoportable, dolorosa.  El 30 de enero de 2020 la epidemia de COVID-19 fue declarada por la OMS como una emergencia de salud pública en China y por sus características tenía que ser de preocupación internacional. Para el 11 de marzo había más de 118.000 casos en 114 países y 4291 personas habían perdido la vida. El escenario estaba listo para enunciar, y de esa forma hacer visible, el espectro del peligro: la COVID-19, provocado por el SARS-CoV-2, era declarado como pandemia.

Photo by cottonbro on Pexels.com

En lo que concierne a México, la primera persona contagiada se registró el 27 de febrero. Para el mes de julio los casos positivos habían alcanzado una cifra que rebasaba los 200,000 contagiaos. Ahora bien, en tanto que la enfermedad se ha enunciado como elemento que produce muerte, es inevitable que no podamos mirar los estragos que ha causado en un país donde el sistema sanitario no es del todo compatible con una condición desoladora que impera a nivel social, donde el 50% de la población vive en pobreza. A mediados del mes de julio, en México, se reportaban más de 36,000 defunciones vinculadas al SARS-CoV-2. La pandemia llegó a un país con una realidad hostil que no se puede cambiar desde la quietud de la palabra y desde los buenos deseos. Quisiéramos, en efecto:  

Tener una realidad diferente. Cuando México recibe a la epidemia de COVID-19, la recibe con su realidad. La recibe con estas condiciones de salud deterioradas. Quisiéramos no tener una epidemia, ni en México ni en el mundo. Quisiéramos que la epidemia se pudiera detener de un momento al otro. Quisiéramos no tener contaminadas nuestras cuencas hídricas. Quisiéramos tener un sistema de salud competente, también quisiéramos no tener una epidemia enorme de enfermedades crónicas, como la obesidad, el sobrepeso, la diabetes, la hipertensión. Quisiéramos evitar todas las muertes, pero esto no es posible.[ii]

Seguramente las cifras de muertos seguirán aumentando y con cada muerte el ángel de la historia nos regalará un soplo de inspiración para confrontar y crear, al mismo tiempo, las nuevas discursividades que harán posible habitar el mundo desde la acción que permite la palabra misma. Podríamos dudar o no, pero el fin de la historia no logra divisarse, debemos seguir, en consecuencia, creando discursos para habitar con potencia nuestros espacios de aparición sin importar los tormentos que nos azoten. De lo que no hay duda es que tarde o temprano el tranvía sin frenos[iii] tendrá que detenerse, pues no puede llover todo el tiempo.[iv]  

Ciudad de México, 27 de julio de 2020


[i] Organización Mundial de la Salud, “Nuevo Coronavirus-China”, (https://www.who.int/csr/don/12-january-2020-novel-coronavirus-china/es/), consultado el 3 de julio de 2020.

[ii] Palabras enunciadas por el subsecretario de prevención y promoción de la salud, Hugo López-Gatell durante la conferencia diaria sobre el informe técnico de la epidemia Covid-19 en México, realizada el día 2 de julio de 2020

[iii] Aludo a la figura discursiva de un texto genial titulado: COVID-19: Un tranvía sin frenos de la Autora Alejandra Rivera Quintero. https://pensarlapandemia.com/2020/04/14/covid-19-un-tranvia-sin-frenos/

[iv] El día en que fue redactado este texto, 27 de julio, el informe técnico del gobierno federal indicaba que en México había 395 489 casos confirmados y 44 022 defunciones. Datos obtenidos de: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/566012/Comunicado_Tecnico_Diario_COVID-19_2020.07.27.pdf

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s