Ante una sensación de inmovilidad

Rodolfo Herrera López

Go, go, go, said the bird: human kind

cannot bear very much reality.

T. S. Eliot.

Dos afirmaciones: 1) los espacios que queremos recuperar no son nuestros y 2) estamos muy lejos de la vida. Aunque el aislamiento y demás maneras para distanciarnos debido a la enfermedad por el COVID-19 comoda en el proscenio una sugerente utilería para ambientar a estas dos ideas: el virus no es lo que aquí quiere mirarse por recelo. La intranquilidad es por algo que se muestra como muy humano y con el que hemos fabricado una realidad tan nuestra que hace a algunos sentir que el mundo está detenido, que no transcurre la vida y que estamos en espera de una normalidad, a veces llamada nueva. ¿Por qué este anhelo y desazones?

Durante un tiempo, más allá de los meses de cuarentena e, incluso, que se hablara sobre lo que hemos nombrado COVID-19, he notado el afán por el orden según nuestra intervención, esa misma que fabrica y transforma en busca de utilidad y pragmatismo. Aunque puede ser obvia la razón de esta ansia, miro en ella problemas seguramente conocidos y ya hablados.

Pareciera que la vida, el mundo y realidad nos pertenecen. Esto nos lleva a percibir a lo dado ahí, sea orgánico o no, como algo inerte que es sólo útil, herramienta. Coincido con Henri Bergson en que “la realidad concreta comprende los seres vivientes”[1], pero la nuestra es un artificio de sistemas, estructuras, formas, clasificaciones, modelos, contratos, esquemas, convenciones, horarios, que, aunque muy útiles, han afectado a nuestro ser y estar con, a comprender y a convivir con el otro.

Hoy, el COVID-19 ha hecho evidente la realidad de la que hemos huimos, la de la vida que arrastra con su movimiento e inmensidad, quizás para recordarnos que no son nuestros espacios y que en lugar de afanarnos por el control y el imponernos deberíamos estar en y con la realidad y con nosotros mismos. Hablo de reconsiderar nuestra posición en la vida.

El Covid-19 no distingue entre lo esencial, lo económico, lo político y demás. Él no clasifica, estratifica o nombra, simplemente es y está. Si hay una población que más padece es según condiciones que incumben al vivir: las de la salud relacionada con el estilo de vida. Ella se sigue a sí misma sin juicios, objeciones ni cuestionamientos, siempre con el fin de preservarse sin pretensión de poder o propiedad, que nos son tan valiosos a pesar de ser causa de desigualdad y exterminio.

 Hay, sin embargo, algo de feroz en la tendencia de la vida a conservarse: lo vivo devora mientras revienta fertilidad, no se detiene, anda y se transforma. Lo que no puede seguir su andar es arrasado y por eso es para nosotros inclemente, pero ella misma siempre ha buscado sostenerse.

El aislamiento actual es sólo nuestro (parcialmente, porque muchos no pueden realizarlo), pues se sabe que la vida ha regresado a los lugares de los que había huido debido a nuestros muros, caminos y despojos[2]. Con esto hay quienes reconsideran nuestra función (paradoja para nosotros que tanto aspiramos a lo útil) para la conservación y continuidad de la vida en el planeta. La reflexión sobre ello creo que debe tomarse en serio y tener mayor acción.

En suma, si hay una sensación de inmovilidad no es por el virus sino por nuestros hábitos y maneras de acercarnos a la vida y a los otros. Es verdad que el movimiento con su desaparecer nos amilana, por eso medimos, contamos, clasificamos, sujetamos, sometemos, hablamos y buscamos un sentido. Con ello construimos la realidad de los trámites, los acuerdos, los protocolos, los sistemas, las propiedades, los horarios, los plazos, el reconocimiento, las inversiones, los éxitos, las competencias, el poder, los niveles, las razas, los géneros, las ceremonias, el entretenimiento, los símbolos… pero esto es el artificio de lo inmóvil, que aunque nos ha resultado efectivo, nos aleja de la vida: “nuestra facultad normal de conocer es, pues, esencialmente una potencia de extraer aquello que es estable y regular en el fluir de lo real”. Por eso, no sólo hay quienes se abruman por lo que hoy se vive, también es razón por la que uno de nuestros sistemas (la economía) anuncia un futuro más que arduo. Si deseamos ya no sólo preservar a nuestra realidad, sino a nosotros mismos, es necesario que los sistemas estén más cerca de la vida y su proceder, quizás porque como dijo Rainer María Rilke hace más de un siglo:

Nosotros no concordamos. No somos sensatos como las aves migratorias. Retrasados y tardíos, nos imponemos repentina, forzadamente a los vientos y nos derrumbamos sobre un estanque indiferente. Sabemos al mismo tiempo florecer y marchitarnos [3].

Ciudad de Puebla, 17 de julio de 2020.


[1] “Lo posible y lo real” El pensamiento y lo moviente. Espasa-Calpe, p.88.

[2] BBC news. “Coronavirus: wild animals enjoy freedom of a quieter world”. 29 de abril, 2020. https://www.bbc.com/news/world-52459487

[3] Rilke, Rainer Maria. “Cuarta elegía”. Elegías del Duino.


 [A1]Eliminé que se trataba del primer problema, porque noté que después ya no se enumeraba el segundo.

 [A2]Reconstruí mis oraciones porque eran algo confusas.

 [A3]Me di cuenta que yo había escrito “simpatizar” antes de “estar en”, pero se generaba una cacofonía con “realidad”. Además, me pareció más adecuado usar la palabra “simpatía” para caracterizar más concretamente a lo que resulta del “estar en y con”

 [A4]Dejo a su consideración este cierre.

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