Habitar en tiempos de Pandemia (XIII)

A los que ya no están, sin embargo, los seguimos esperando…

José Antonio Mateos Castro

En el siglo XV Giovani Pico della Mirándola en su Discurso sobre la dignidad del hombre nos decía lo siguiente “Oh Adán, no te he dado ni un lugar determinado, ni un aspecto propio, ni una prerrogativa peculiar con el fin de que poseas el lugar, el aspecto y la prerrogativa que conscientemente elijas y que de acuerdo con tu intención obtengas y conserves… no constreñido por estrechez alguna, te la determinarás según el arbitrio a cuyo poder te he consignado. Te he puesto en el centro del mundo para que más cómodamente observes cuanto en él existe. No te he hecho ni celeste ni terreno, ni mortal ni inmortal, con el fin de que tú, como árbitro y soberano artífice de ti mismo, te informases y plasmases en la obra que prefirieses. Podrás degenerar en los seres inferiores que son las bestias, podrás regenerarte, según tu ánimo, en las realidades superiores que son divinas.”[i]

Pico della Mirándola exalta el intelecto y se considera a la inteligencia del hombre como libertad, el medio idóneo para formular conceptos y condicionar en el futuro, lo que respecta a lo bueno y lo malo. Tal capacidad lo distinguirá de los demás seres vivos, poniéndolo en la cima de la creación. Y lo más importante, el estudio y la filosofía serán los medios para el conocimiento; de esta forma, hombre y conocimiento serán la misma cosa, situación que le permitirá elevarse e igualarse con Dios y los ángeles. En el campo histórico la fortuna y la Providencia son reemplazadas por la virtud, por esa capacidad humana de ser actor y agente de su propio destino (Maquivelo). Filosóficamente, es el hombre como valor supremo que se sitúa por encima de cualquier autoridad a través de su conciencia individual, independiente y libre (subjetividad), cuyo fundamento es la razón humana (Descartes)[ii] y cuyo valor será su dignidad (Kant).[iii]

Este legado humanista mostrará desproporción e inmoderación como producto de la soberbia y la ignorancia de un sujeto como referente abstracto que ejerce dominio en todo acontecer y toda relación con el mundo y los otros. En otras palabras, un individuo soberano que profana todo lo que aparece en su horizonte: negando la tierra, el entorno y su conversión en materia prima de una productividad desatada; negación de la tradición, de la historia, de la memoria. Soberbia que está en la base de muchos de los problemas contemporáneos (calentamiento global, sobreexplotación de recursos, pobreza, sobrepoblación, deforestación, entre otros) que amenazan la sobrevivencia de nuestra especie. Tal humanismo, basado en la defensa de la dignidad humana liberó los poderes, capacidades, anhelos y deseos humanos; la hybris (desmesura) se convirtió en nuestra némesis (tragedia), es decir, las ilimitadas potencias humanas en el saber, la técnica, la conquista de geografías y poblaciones, la organización estatal de las sociedades, el desarrollo del pensamiento y la cultura, entre otros ámbitos, nos condujeron a contradicciones y paradojas en los ámbitos humanos: la dominación de la naturaleza pronto se trasmuta en la dominación de los otros, de las otras culturas, de los otros grupos humanos; en nombre del humanismo acaba destruyéndose al ser humano, a los seres humanos, a lo humano. [iv]

Heidegger cuando nos habla de la técnica (Ges-stell) nos muestra; primero, el destino que emerge del ser mismo y, que permitiría una relación más originaria entre el hombre y el ser; pero también el mayor peligro para la subsistencia del carácter específico del ser del hombre, es decir, por un lado, la técnica como esperanza y, por otro, como amenaza. Pero lo que domina es la técnica como estructura, como emplazamiento, lo que indica aquello que está puesto, lo que está a la mano; el tener las cosas emplazadas, la forma en cómo la técnica nos posee, emplazándonos también como los libros están emplazados en una librería o las mercancías en una tienda departamental. Esta es la esencia de la técnica, que no tiene que ver con artefactos técnicos, herramientas o máquinas, más bien, la técnica como imperativo que emana de su esencia moderna y que emplaza al hombre a dominar la naturaleza.[vEste es un dilema para la humanidad, pero es la forma en que se habita el mundo, porque el mundo es concebido como algo que existe por y para el hombre, todo está puesto como un recurso disponible, como una “reserva latente” que convierte todo en mercancía; que hace que el mundo construido ya no sea un producto de cuidado, más bien de explotación. El mundo es asumido y pensado como imagen, se ha antropologizado, se pone al servicio de una mirada conciliada por la voluntad científico-técnica.[vi] Adorno y Horkheimer lo dicen de esta manera, “Lo que los hombres quieren aprender de la naturaleza es servirse ella, para dominarla por completo, a ella y a los hombres.”[vii]

No hemos llegado a la mayoría de edad, no hemos podido arrancarle los secretos a la naturaleza, no hemos construido una sociedad más igualitaria, libre y racional. Hemos hecho de nuestra historia una media noche (Reyes Mate) de barbarie, de muerte, de catástrofes, en suma, de oscuridad. Habitamos una pandemia que cada día nos desborda y nos has quitado a seres queridos que ya extrañamos. Nuestra ciencia, no ha logrado plenamente identificar al enemigo mortal (al virus); tampoco como humanidad hemos podido solidarizarnos y enfrentar la crisis sanitaria de manera humanizante.[viii] Habitamos hegemónicamente un modo de ver y de pensar la realidad (planteamiento metafísico); estamos en un tren que se desboca hacia un abismo y que no sabemos cómo ponerle el freno de emergencia, ya no digamos frenarlo sutilmente. La filosofía por sí misma, no podrá provocar directamente un cambio de nuestro estar en el mundo, tampoco los esfuerzos humanos de otros saberes.

 Sólo un Dios puede aún salvarnos, afirmaría Heidegger, ¿es la única posibilidad única que nos queda? En un mundo desesperado donde, “Todo funciona. Esto es precisamente lo inhóspito, que todo funciona y que el funcionamiento lleva siempre a más funcionamiento y que la técnica arranca al hombre de la tierra cada vez más y lo desarraiga.”[ix] O puede ser, ya habitando la locura, Hölderlin afirma “el centelleo de la naturaleza es la más alta revelación”.

Sin duda, es un momento en donde los Dioses andan ausentes, pero cabe la posibilidad de que el hombre establezca una relación distinta con la naturaleza, con los otros y consigo mismo y, mantener relaciones no de fuerza y objeto de representación –y dominación– de y para el sujeto cognoscente y actuante, más bien, se trata de habitar un espacio en donde se juega el tiempo de nuestras vidas todas. Pues ahí donde habita el peligro, también habita lo salvador (Hölderlin), es decir, nuestro fin puede ser un comienzo otro.

Ciudad de Tlaxcala, México, 10 de julio de 2020.


[i] Mirándola, Giovanni Pico della, Discurso sobre la dignidad del hombre. México, UNAM, 2009, p.14.

[ii] Descartes, René, El discurso del método, Madrid, Gredos, 2011.

[iii] Kant, Immanuel, Fundamentación para una metafísica de las costumbres. Madrid, Gredos, 2010.

[iv] Vázquez, García René y José Antonio Mateos Castro. Texto en preparación.

[v] Heidegger, Martin, Identidad y diferencia. Barcelona, Anthropos, 1990.

[vi] Cfr. Heidegger, Martin, “La época de la imagen del mundo” en Caminos de Bosque. Madrid, Alanza, 2008, pp. 63-90.

[vii] Adorno, T., Horkheimer, M., Dialéctica de la Ilustración. Madrid, Trotta, 2001, p. 60.

[viii] Los seres humanos como existentes en búsqueda de sentido, somos una realidad concreta, multidimensional, dinámica y en proceso de actualización permanente. Siempre mayor “humanización”. Todo ser humano se realiza de manera limitada; al mismo tiempo, todo ser humano está abocado a autotrascender, lo que ya es en un momento determinado de su existencia. La búsqueda del bien humano integral, de los procesos de significación y de valoración, entre otros, sucede encarnado en personas, las cuales viven en mundos de significados y valor; éstos condicionan o determinan los modos concretos de vida social y personal. En suma, el desarrollo humano del sujeto sucede encarnado en culturas y se expresa en lenguajes social e históricamente construidos. Cfr. Aviléz, Ricardo, La búsqueda humanizante. UIA-Puebla/FFyL-UATx, México, 2006.

[ix] Entrevista a Heidegger publicada por Der Spiegel en 1976, tras su muerte. En Rocha, Alfredo Torre de la (editor), Martin Heidegger. La experiencia del camino. Colombia, Ediciones Uninorte, 2009, pp. 235-236.

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