Pequeña fenomenología del silencio

Luis Avena

El ruido es un tipo de sonido desagradable, incómodo, fastidioso, pesado, molesto, fatigante. Los razonamientos y silogismos abstractos se convierten en ruido interior, cuando se busca aprehender la verdad. A veces es mejor dejar que las cosas hablen, pero para ello hay que callarse y escuchar. Captar el momento presente significa dejar de razonar para que nuestro pensamiento se escuche. La salud es la ausencia de ruido. Es el silencio de los síntomas, de los gritos. Esos sonidos desgraciados los escucha el esquizofrénico en forma de voz interior que no sabe cómo callar. Ese ruido agudo es la sensación de dolor en alguna parte de nuestro cuerpo afectado por fuerzas que lo quieren descomponer. ¿Cuál es la significación de ese silencio? Para algunos significa libertad; ausencia de obstáculos en el camino, tener todas sus fuerzas, estar en condiciones de hacer su vida, no tener problemas. Para los que saben escuchar, significa estar en armonía con el cosmos, en su cosmos. No existe la salud en sí ni la enfermedad en sí. El estruendo de los automóviles, las dosis elevadas de alcohol, los placeres corporales exacerbados, los consumos elevados de azúcar y grasa silencian el ruido interminable de nuestro interior, lo duermen, lo arrullan. Ese silenciamiento es querido por la desesperación. Se busca por todos los medios callarse a uno mismo. Querer callar al mundo externo es una expresión de ira. Ignorar a otros es silenciar el sonido de su voz en nuestra cabeza; es hacer como si no existieran. Del mismo modo, guardar silencio es una violencia pasiva que se ha vuelto valor cultural para nosotros.

Silencio es lo que nos responde la realidad cuando se le hacen preguntas sobre si estamos en riesgo de enfermar. Este silencio es el absurdo. Pero ¿estábamos tan seguros de que ese silencio no existía antes de esta crisis virológica? ¿Ha venido el virus a silenciar los rebosantes tonos de alegría y placer que el mundo nos ofrecía? Tal vez debamos aprender a escuchar de nuevo el mundo. Hemos dejado de escuchar que los latidos de nuestro corazón golpean igual que el segundero de los relojes mecánicos: tun, tun, tun, tun, tun… Escucho ahora mismo un grillito a lo lejos, escucho como toca su violín interminablemente. ¿Es eso ruido o es algo más? Para algunos ese sonido es un ruido de otras épocas, donde no había suficiente limpieza como para ahuyentar a los bichos asquerosos. Nuestra ciudad de noche no quiere cerca a los insectos ni bichos. Los ladridos nos parecen familiares, cuanto hemos domesticado a nuestra imagen a los perros. Hay gente que escucha música en cualquier lugar y a cualquier hora. Ya no sé si eso es un beneficio y perjuicio a ciertas horas del día. ¿Dónde quedó la hora más silenciosa de la que hablaba Rilke? Esa hora silenciosa en la que uno podía ser lo más honesto consigo mismo, donde uno entraba en diálogo consigo mismo, donde uno se consolaba y se dejaba de juzgar por no ser lo que sus padres hubieran querido que fuese, donde uno se da cuenta de que no hay que impresionar a nadie para recibir amor.

El ruido nos descentra, nos saca de nosotros mismos. Tal vez estamos en una época en la que el ruido funciona para distraernos como el divertissement del que hablaba Pascal. Es decir, nuestros pesares podían ser puestos de lado, guardarlos en un cofre y enterrarlos muy lejos donde no nos alcanzaran su estruendosa necesidad de encontrar sentido. Aquí en nuestra casa, vivimos como en la Casa tomada, donde los movimientos extraños de cosas, donde ya no se sabía si estaba la hermana o él, donde se leían cartas de personas que nunca las escribieron, donde se escuchaban pasos que andaban todo el tiempo detrás, que mejor se terminan saliendo por no soportar a los fantasmas. Gran relato de Cortázar. El miedo es ruido en nuestro interior que no hemos sabido escuchar. ¿Qué es lo que realmente nos causa ruido en estas circunstancias? Para Marco Aurelio el pensar que  perderemos nuestro futuro es un sinsentido. No podemos perder lo que no es. El pasado no es, ya fue. El futuro todavía no es. Lo único que tenemos es el presente. Y lo perdemos en preocuparnos por lo que no tenemos. Ampliar nuestras percepciones del mundo tiene que ser una meta.

15 de abril de 2020, Ciudad de México.

Un comentario

  1. Entiendo que en la época actual , los individuos no tienen tiempo de pensar y añorar lo que fue pero piensa en un futuro que no existe.el, ruido de las ciudades encubren las posibles ideas y pensamientos que puedan definir un mejor vivir cuando se tenga que elegir entre varios caminos, actúa como un distractor para unas buenas relaciones amistosas, amorosas y una buena relación con el ambiente

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