Hacia la nueva normalidad: el porvenir de las sociedades Biotecnológicas

Gonzalo Chávez Salazar

1. Para Michel Foucault el surgimiento de las sociedades disciplinares se puede situar en el siglo XVII con la puesta en marcha de los sistemas de encierro y formación de saberes, por medio de las disposiciones materiales; así, hasta el siglo XX los modelos analógicos de organización social se encargan, desde todos y cada uno de sus principales centros disciplinarios (trabajo, familia, escuela, hospitales, centros penitenciarios, psiquiátricos), de accionar los desplazamientos progresivos de las conductas en su dimensión individual. Los procesos de distribución de saberes, entendidos como el conjunto de enunciabilidades y visualidades, recaen sobre los cuerpos, sobre sus relieves hasta afianzar la dirección de las conductas y las mentalidades. Son procesos de cercanía, de espacialidad, de cuerpo a cuerpo, son saberes extraídos a través de la distribución material y los regímenes de luminosidad (lo que hace decir y lo que hace ver); eso es lo que Foucault nos dio a conocer como anatomopolítica. 

Sin embargo, era momento de dar el siguiente paso. Para la mitad del siglo XX los modelos de operación analógica fueron rápidamente desplazados por los modelos digitales, eran esquemas que gestionaban las nuevas libertades del espacio público y la esfera pública; así aparecen las sociedades de control. Este segundo esquema de trabajo, a larga distancia, regula desde los lenguajes digitales y con extremas variaciones. Los centros de encierro se abrieron para dar libre tránsito, pues, las articulaciones de poder y cuerpo ya no son de carácter material y local, sino coextensivas y digitables. Las formas que implementan los gobiernos, en apariencia, se ablandaron, pero en realidad los modelos de control y vigilancia se hicieron mucho más agresivos, imperceptibles y, por qué no, voluntarios. Los esquemas de las sociedades disciplinarias pasaron a un segundo esquema, no se olvidaron, sólo se acomodaron, y dieron paso a la administración de la población, de los cuerpos y no del cuerpo; por ejemplo, los problemas de enfermedad individual pasaron a ser un asunto de políticas públicas. Así nace la curaduría y gestión administrativa de las poblaciones; eso es lo que Foucault nos dio a conocer como biopolítica. Sin embargo, y con el paso de tiempo, hay que preguntar: ¿Qué tipo de sociedad está por anunciarse?

2. Retomar los viejos mecanismos, sin presuponer su fecha de caducidad, será una constante. La relación entre las formas de poder y los modelos de operación política nacen bajo el esquema del biopoder. Es una cuestión de montajes y adaptadores de una praxis política; por un lado, la técnica (biopoder) y, por el otro, sus tecnologías (anatomopolítica y biopolítica). Con ello no se debe entender que cada tecnología, así como cada sociedad, son sustituidas, las sociedades disciplinares no aparecen para sustituir a las sociedades de soberanía, así como las sociedades de control no aparecen para reemplazar a las sociedades disciplinares, es sólo un desplazamiento en las modulaciones de operación social y distributiva. La acumulación de los lenguajes, analógicos y digitales, no emparentan una relación de sentido, sino de ejercicios prácticos de poder-saber. Por ello, las sociedades de control son la antesala de otros tipos de modelos múltiples de sociabilidad: las sociedades biotecnológicas.

La síntesis entre regular, vigilar y controlar a la distancia, pero desde el encierro, son el tránsito de nuevas sociabilidades. La comunicación digital ahora construye, voluntariamente, redes e interconexiones de sociabilidad (redes sociales) que integran todo suceso y experiencia de frente a plataformas digitales; así es como el trabajo, la escuela, la familia, la visita al museo, la visita a la biblioteca, la visita al súper mercado, etcétera, sucede tras cualquier dispositivo electrónico. A diferencia de las sociedades de control el movimiento no se dio hacia un afuera, sino de regreso a los sistemas de encierro, incorporando los procesos y lenguajes digitales. Las sociedades biotecnológicas han incorporado, de nuevo voluntariamente, lenguajes biométricos para elaborar un nuevo modelo de vida para seguir y compartir desde las nuevas libertades de comunicación. En ese sentido, los dispositivos ya no sólo disponen lo que una época permite hacer ver y hacer decir, sino también contienen modelos confinados de la vida. Hablar de bioinformática, bioeconomía y bioseguridad descubren lenguajes a dimensiones globales, pero que pueden hacer frente a los nuevos imperios digitales. De nuevo, las sociedades biotecnológicas son un brazo más del palimpsesto de sociabilidad.     

3. Tras lo sucedido, y lo que continúa en el tintero, frente al COVID-19, es el repliegue gradual de la vida, ahora recluida en oikos contemporáneo, dibuja otra forma de lo social, así como de sus lógicas y redes sociodigitales de convivencia. No es sencillo demostrar las correspondencias entre los distintos aparatos de las sociedades que pueden preceder y sostener este nuevo tipo de sociedad, sin embargo, ya se ha instalado. Tras la aparición del virus, un virus que ahora trastoca todos los niveles: analógico, digital y biométrico, el cuadriculado de las formaciones sociales ocurren a escala global; así es como la biología se insertó de inmediato en la agenda política. Las sociedades biotecnológicas, en ese sentido, se presentan como forma de gobierno y la elaboración del nuevo pacto social. Instalado el espacio público como la zona de riesgo común, todo acontece en la esfera del aislamiento. La nueva razón de mercado digital ha logrado su mejor producto: homeoffice. El homeoffice es el último modelo de la producción de subjetividades; el mayor beneficio por el menor gasto posible. Por ello, no es de mayor relevancia qué enfermedad deja más o menos decesos, sino cuál está más estrechamente vinculada a las formas de producción de capital.       

Abrir los horizontes de análisis desde las sociedades biotecnológicas no es con la finalidad de instaurar una verdad, una teoría oficialista que aguarda desesperadamente el fin del mundo con tal de validar un presagio, sino para emplazar los marcos de discusión de las políticas de verdad a las analíticas de las relaciones de sociabilidad. Pensar la nueva normalidad, o las nuevas normalidades, más que una legitimación de teorías, debería ser una analítica de las lógicas, incluso de las sintaxis y gramáticas, que se abren de frente al porvenir. Más allá del fatalismo A. P. (After Pandemic), la nueva normalidad debería implicar imaginarios políticos que redescubran y re-inventen las estructuras y, por qué no, las infraestructuras de lo social, de lo político y lo digital. Sin lugar a dudas, toda normalidad, nueva o histórica, es una práxis efectiva de poder, sin embargo, no olvidemos que toda forma del poder ejerce también sus propias formas de resistencia. 

Ciudad de México, 28 de junio 2020.

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