Habitar en tiempos de Pandemia (IX)

José Antonio Mateos Castro

El COVID-19 puso patas arriba las estructuras existentes de los Estados nacionales, de la vida pública y privada que habitamos. En un primer momento, en algunos casos, se propuso de manera temprana el aislamiento preventivo para frenar el esparcimiento del virus y preparar a los sistemas de salud públicos, ya de antemano en crisis. En otros, se esperó hasta tener evidencia de que realmente estábamos siendo atacados por un enemigo mortal e invisible. Es así como el aislamiento, la sana distancia, apoyos sociales por parte de los gobiernos, prohibición de despidos y baja de salarios, etcétera, fueron medidas que intentaron e intentan preservar nuestra vida y existencia. Ya que el virus, por lo que hasta ahora hemos podido ver, no solo amenaza a la salud sino también a nuestra existencia y todo lo que ella implica.

A pesar de las medidas preventivas, muchas vidas siguen expuestas: el confinamiento para muchas mujeres y niños (as) se convierte en una situación de violencia; las tareas del cuidado (adultos mayores y enfermos) no son reconocidas socialmente ni retribuidas económicamente, el trabajo on line invade la totalidad de nuestro día; educamos, enviamos, consumimos y producimos datos a través de las redes apresados en una pantalla; situación que se transforma en una sobreexposición y difusión generalizada de los medios digitales. Estamos bombardeados pornográficamente de información y publicidad las veinticuatro horas del día; para parte de la población que vive al día, el confinamiento es imposible, hay que continuar con el trabajo devaluado y, en algunos países el hostigamiento policial y/o militar, la vigilancia y el control se han convertido en la normalidad.

En una situación de excepcionalidad como la que en este momento vivimos, hay vidas humanas que están fuera los marcos legales sin protección alguna, agudizándose la posibilidad de contagio y muerte como consecuencia de su marginalidad. Por eso, consideramos que no sólo podemos esperar pasivamente al descubrimiento de una vacuna sino se tiene que abordar y problematizar a la normalidad de las estructuras políticas, sociales, jurídicas, morales, culturales y económicas que han contribuido al “estado permanente de excepción” (Benjamin). Ya que muchos gobiernos no han querido poner el freno de emergencia a la maquinaria económica que ha invadido nuestro mundo de la vida. Judith Butler, en ese sentido, afirma que lo preocupante es que las demandas capitalistas abran la economía aceptando que esta “requiere de la muerte de las personas más vulnerables de nuestras comunidades.” Ello, porque al intensificarse el contacto social para mover a la economía de mercado, se expondrá a los adultos mayores, a aquellos con enfermedades degenerativas o sistemas deteriorados, o los que no tienen acceso a los sistemas de salud público y o privados. De esa manera, la economía gozará de buena salud.

La cuestión es también que los Estados y gobiernos aprovechen la crisis y se concedan poderes para abolir derechos individuales, mantener las injusticias y las desigualdades económicas y sociales; despolitizar a sus poblaciones, administrar sus vidas y sus muertes (biopolítica); negarles el derecho a reunirse y manifestarse, inclusive a invadir países y, de esta forma, expandir el poder del Estado y de algunos Estados sobre otros Estados, desgraciadamente una pandemia de larga duración.

El virus se encuentra ya en todas partes y cada vez será más complicado regresar a habitar los espacios públicos e institucionales para no contagiar y o contagiarnos. Sin embargo, hemos entrado al periodo de lo que se ha denominado nueva normalidad para el sano regreso determinado por el semáforo epidemiológico de la Secretaría de Salud de nuestro país, México. Pero no olvidemos que la normalidad era la crisis, la excepcionalidad permanente; el coronavirus no interrumpe nuestras vidas y sus múltiples violencias, desafortunadamente se hacen más transparentes, es decir, se intensifican. Porque como afirmara Walter Benjamin, ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y este enemigo (virus) mortal y desconocido -junto a las contradicciones sociales, políticas y económicas- no ha dejado de vencer, por eso, hay que tomarnos con prudencia, sensibilidad e inteligencia para habitarnos y habitar la llamada “nueva normalidad.”

José Antonio Mateos Castro

Ciudad de Tlaxcala, México, 3 de junio de 2020.

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