De la ciudad del tacto a la ciudad virtual (parte II)

Yahair Gil

III. Las ciudades del distanciamiento social[i]

Hoy sólo podemos ver la ciudad a lo lejos, desde la distancia. No nos es posible transitarla, olerla, mirarla, reinventarla, fotografiarla, no podemos practicarla de ninguna forma. La ciudad resiste y parece ser más bella sin gente deambulando por las calles, sin basura desbordando las banquetas, sin fábricas funcionando, sin el bullicio de las máquinas, sin autos circulando por la ciudad contaminando el oxígeno, las ciudades parecen ser de nuevo la Región más transparente. ¿Pero qué sentido tienen las ciudades sin habitantes, sin transeúntes, sin usuarios; qué somos nosotros sin poder vivir la ciudad?

La pandemia ha acentuado la vida privada. El encierro en casa nos obliga a limitar nuestra existencia a las posibilidades más íntimas dentro del hogar. La interacción social está prohibida casi por decreto. Sin dudarlo las ciudades están cambiando debido a la enfermedad. La forma en que hemos intentado franquear el distanciamiento social ha sido la interconexión virtual de las redes sociales que nos mantienen conectados más no relacionados. De algún modo todo parece indicar que la ciudad se está viviendo por otros medios. El filósofo Paul Virilio veía que la ciudad también produce su espacio virtualmente. “Por medio de una interacción de vínculos sin cuerpo, y más bien por una interacción virtual por redes de comunicación a distancia”.[ii] El problema de este tipo de relación es que se produce lo que él llama la inversión de la ley de proximidad” en donde

[…] el lejano, que aparece en la extraña pantalla, es el amigo, mientras el próximo, el vecino, ese que huele mal y hace ruido, es el enemigo. Hay una inversión de la ley de proximidad, que explica la crisis de las ciudades. Mi vecino de escalera es mi enemigo porque huele mal, me molesta, viene a fastidiarme, mientras que ese que yo veo en la tele, que escucho en el teléfono, no me molesta: desenchufo cuando quiero.[iii]

Ese molesto vecino podría convertirse en mi enemigo por ser un posible portador del coronavirus. De cualquier manera los Estados, las empresas y la población en general exigen activar el flujo que mantiene a la ciudad viva, se trata ante todo del flujo de la economía. La gente desea salir de casa para ir de compras, cosas que no nos hicieron falta durante estos meses de confinamiento en la cuarentena; para viajar a la playa o viajar a otras ciudades, sin recordar que el turismo masivo es una forma de aniquilación de las ciudades y sus entornos; la gente habla de salir de casa para encerrarse tres o cinco horas en el antro, convivir nuevamente con amigos y embriagarse hasta perder la conciencia, esa que tanta falta nos hace en un momento como este. Nadie habla de salir a la calle para reivindicar la calle, la plaza, el parque, o para manifestar sus deseos por una nueva ciudad más tolerante con los transeúntes y los medios de transporte no contaminantes. Nadie habla de salir a la calle para caminar, sin ningún propósito sino por el hecho mismo de deambular por el espacio público. El filósofo Jean-Luc Nancy escribe que “El paseo es el arte más consumado de la ciudad. [porque] El cuerpo del paseante está suelto, corre sin estar en carrera, desprovisto de metas y de procedencias, curioso sin interés, atento sin tensión, disponible para los encuentros, para simples cruces, para signos evasivos”[iv] Pero hoy caminar sólo está permitido para ir de compras.

El aislamiento ha provocado también una exacerbación del miedo colectivo, un pánico a la enfermedad y la muerte que incentiva formas de desintegración colectiva y carencia de afecto, pero esto parece ser un hecho común en las sociedades que se han enfrentado a las pestes y a las cuarentenas prolongadas. ¿Nos espera entonces una ciudad sin afecto, sin roce, una ciudad que guarda la distancia con la probabilidad de perder la empatía? ¿Nos esperan ciudades nuevamente amuralladas que promuevan la ley inversa de proximidad? ¿Nos esperan ciudades cuya única finalidad sea la de ser lugar de tránsito entre nuestras casas, el trabajo y el centro comercial?

El historiador Jean Delumeau, escribe en su libro El miedo en Occidente, que las sociedades que viven periodos de aislamiento debido a epidemias, manifiestan grandes incapacidades de planificar y proyectar nuevas formas de vida en sus ciudades. Al respecto de la peste negra decía que la

Detención de las actividades familiares, [el] silencio de la ciudad, [la] soledad en la enfermedad, [el] anonimato en la muerte, [la] abolición de los ritos colectivos de alegría y tristeza: todas estas rupturas brutales con las costumbres cotidianas iban acompañadas de una imposibilidad radical para concebir proyectos de futuro, ya que a partir de entonces la “iniciativa” pertenecía completamente a la peste.[v]

Estamos en el momento preciso de decidir qué tipo de ciudades queremos. Lo cierto es que la ciudad que nos espera allá afuera estará determinada por el miedo al roce, por miedo al contacto, por la prohibición del encuentro multitudinario en las calles o en las plazas o en el café. Nos esperan ciudades sin proximidad. En un artículo Sarah Zanaz escribió que en 2020 la piel mata, como el tabaco.[vi] Abrazar, saludar de mano o dar un beso es morir o matar, y eso puede cambiar gradual o radicalmente nuestras ciudades y la forma de relacionarnos en ellas. Parece que estamos en un momento de transición entre las ciudades del tacto y la ciudad del distanciamiento; entre la ciudad háptica y la ciudad virtual.

Puebla, 19 de mayo de 2020


[i] Texto previamente publicado en Platón o Plomo el 25 de mayo. Ver https://platonoplomo.wordpress.com/2020/05/25/yahair-gil-de-la-ciudad-del-tacto-a-la-ciudad-virtual-parte-ii/

[ii] Paul Virilio, “Accidentes proféticos”, en La Jornada Semanal, 12 de enero de 1997, disponible en https://jornada.com.mx/1997/01/12/sem-virilio.html

[iii] Idem.

[iv] Jean-Luc Nancy, La ciudad a lo lejos. Buenos Aires: Manantial, 2013, pp. 121-122.

[v] Jean Delumeau, El miedo en Occidente, Siglo XIV-XVIII, Madrid, Taurus, 2012, p. 178.

[vi] Sarah Zanaz, “De ‘abrazos no balazos’ al balazo del abrazo”, en Platón o Plomo, 15 de abril de 2020, disponible en https://platonoplomo.wordpress.com/2020/04/15/sarah-zanaz-de-abrazos-no-balazos-al-balazo-del-abrazo/

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