Lo esencial durante una emergencia sanitaria

Luz Mariel Flores Bautista

Después de anunciar a la población que la expansión del COVID-19 era emergencia sanitaria se notificó la suspensión de clases y actividades escolares, así como cualquier evento masivo que pudiese considerarse un riesgo de contagio para la población. Las actividades o trabajos no esenciales tenían que cesar de igual manera a nivel público, privado y social. Al mismo tiempo se instaba a quedarse en casa, mantener la distancia recomendada y procurar buenos hábitos de higiene. La cuarentena que duraría hasta el día 20 de abril, por el aumento de los casos confirmados a nivel nacional, se extendió hasta el mes de mayo dejando abierta la posibilidad de ampliarse aún más. Aunque mucha gente seguía las recomendaciones dentro de sus posibilidades, también se presentaban aquellas personas que tenían que salir a ejercer sus profesiones y oficios, ya sea porque sus actividades resultaban indispensables o simplemente por el hecho de cubrir las necesidades propias y las de su familia.

Para el gobierno y frente a la pandemia las actividades esenciales son aquellas que tratan la emergencia sanitaria, las de seguridad pública y protección ciudadana, los sectores fundamentales de la economía, las que atienden programas sociales, las de servicios como transporte, limpieza, paquetería, mensajería, telecomunicaciones y radiodifusión, entre otras.[i] Es decir, las actividades esenciales son las que permiten el funcionamiento del país, esto resulta sospechosamente claro; sin embargo, el asunto es preguntarnos si en efecto las actividades no esenciales en realidad no lo son.

Se sabe que ante una emergencia se deben tomar decisiones rápidas, sobre todo cuando la amenaza implica un daño. Lo cierto es que, dentro de las solicitudes más remarcadas, y hasta por la que se increpa, es el quédate en casa, no obstante, para algunos es factible para otros no. Todos estamos en la misma situación, pero las circunstancias desde las cuales se afronta son distintas. No es lo mismo permanecer en casa con un empleo fijo, remunerado, que garantice las condiciones para cubrir los gastos diarios o más, y tener la tranquilidad para concentrarse en el deporte, para la meditación o reencuentro con uno mismo y hacer salidas mínimas, porque se tiene esa seguridad y estabilidad (aún más cuando el recurso viene del propio gobierno); a exponerse cada día más de ocho horas para intentar, muchas veces sin éxito, conseguir lo mínimo necesario para alimentarse y pagar los gastos diarios.

Ha surgido demasiada molestia e intransigencia porque un gran número de personas son renuentes a seguir los protocolos ­¡estamos en una pandemia!, no tendrían que salir, solo ayudan a propagar el virus e infectan a personas que sí respetan las medidas­, estos son algunos de los comentarios que se dejan escuchar, no obstante, reducir las circunstancias vitales de estas personas a las medidas de la pandemia, nos referimos a las que salen por necesidad, sería una solución bastante rápida e inefectiva. Seamos honestos, los problemas de desigualdad, precariedad y pobreza son anteriores, pero solemos repetir discursos que reiteran esa desigualdad y nulifican la empatía por los demás, al punto de sentir enfado e indignación al verlos afuera. Es evidente que estos asuntos deben ser tratados desde el gobierno, desde el sector público, privado y civil; pero muchas veces como individuos exigimos más de lo que se puede a los demás. No, no todos pueden permanecer en casa, porque resulta que su quehacer cotidiano que han llamado como no esencial sí lo es, si no salen a trabajar no pueden alimentarse y alimentar a su familia, por lo que su actividad sí es indispensable para su bienestar, aunque irónicamente implique ponerse en riesgo. Esta pandemia no muestra lo esencial, sino que refleja lo que no es esencial para el gobierno y el poder, son sacrificios que están dispuestos a aceptar porque no afecta a la gran economía, afecta a los pequeños comercios y mercaderes, y beneficia a grandes corporativos, el hecho de que a personas vulnerables se les precarice aún más no es esencial mientras no conlleve a una verdadera crisis económica.

No se trata de fomentar la desobediencia o de promover que seamos altruistas exhibiendo egoístamente en las redes sociales cómo ayudamos a los demás, pero podemos ser más comprensibles y pensar esas circunstancias que nos pueden resultar ajenas, pero que son las circunstancias en las que la mayoría se encuentra, en las que cualquiera podría estar. No podemos ser tan exigentes moral y socialmente con las personas que no cuentan con las condiciones para permanecer en casa. Si bien es cierto que se deben tomar medidas rápidas para atender el problema no amerita que se desvaloricen actividades o trabajos, esta desvaloración de los trabajos ha provocado que muchas personas queden desempleadas porque sus actividades se tachan erróneamente como prescindibles, insignificantes, no esenciales; se les deja sin recursos para afrontar una realidad cruda y riesgosa. Este es un buen momento para pensar que no es sencillo vivir una pandemia desde la precariedad, que no podemos exigir con auras de rectitud que se queden en casa, mucho menos sin las condiciones que les permitan hacerlo con un poco de tranquilidad. Lo esencial en este momento es valorar el trabajo propio y el de los otros, y no perder esa poca empatía que subsiste en este mundo tan hostil.

Ciudad de Puebla, 11 de mayo de 2020


[i] Secretaría de Gobernación. (2020). DOF: 08/04/2020 ACUERDO por el que se precisan las actividades esenciales competencia de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, en el marco de atención de la emergencia sanitaria generada por el virus SARS-CoV2. 14 de abril de 2020, de Diario Oficial de la Federación Sitio web: https://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5591372&fecha=08/04/2020

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