Habitar en tiempos de pandemia (V)

José Antonio Mateos Castro

En el mundo y América Latina se están delineando y ejecutando mecanismos para atender a las demandas sanitarias y económicas más urgentes en tiempos de pandemia. El dilema en muchos casos para algunos gobiernos es optar entre salud y economía, en otras palabras, elegir entre la vida y la muerte. En el caso de México la Guía Bioética para Asignación de Recursos Limitados de Medicina Crítica en Situación de Emergencia (en adelante Guía bioética) publicada hace un par de semanas, apareció como un documento que trata de dar lineamientos al personal médico para indicar cómo asignar recursos médicos escasos cuando el sistema de salud sobrepase sus capacidades y no haya recursos para todos.

En ese contexto, emerge también un protagonismo de cierta parte de la población, específicamente los adultos mayores en relación a la salud, ya que el COVID-19 los constituye como un grupo vulnerable con mayor cantidad de víctimas fatales, como puede constatarse en las cifras de muchos países incluyendo el nuestro.  Lo que en el fondo se discute de la Guía bioética es el principio de salvar la mayor cantidad de vidas posibles durante la pandemia, el argumento principal es que todas las vidas son valiosas, principio que da cuenta de uno de los rasgos esenciales de las sociedades igualitarias. En términos económicos, sectores afines al neoliberalismo y referentes de organismos internacionales han señalado a las personas mayores de “vivir demasiado”.

Thomas Hobbesen su Leviatán[i] afirma que el Soberano garantiza el derecho a la vida y la igualdad a cambio del reconocimiento y la obediencia. Lo que el Soberano realiza es prolongar el acabose de la vida social, de la comunidad. Sin embargo, el Estado al mismo tiempo que protege a sus miembros política y jurídicamente, ejerce la violencia (legítima) y la dominación política como recursos básicos de la conservación de su institucionalidad. El llamado contrato originario controla la violencia a través de la ley, asegurando las libertades y la igualdad con ciertos sacrificios, es decir, la violencia crea el derecho y lo mantiene violentamente; ella ahora pasa a ser monopolio del Estado, no se disuelve sino que simplemente se desplaza. En ese sentido, el paradigma de la política moderna lleva en sí misma su fracaso junto a sus categorías de sujeto, derecho, violencia, igualdad, libertad, vida, muerte, etc., porque no ha habido principios universales de justica distributiva en los diferentes ámbitos de la vida humana.

Vivimos con una política eclipsada que, desde su interior, ella misma se ha encargado de vaciar de todo contenido sus categorías utilizando la hipertrofia y la expropiación del lenguaje gracias a una mediocracia acostumbrada a trivializar todo lo trascendente para la comunidad y darle suma importancia a lo banal, tal y como afirma Agamben. La supuesta igualdad de los seres humanos (primero ante Dios, luego ante la ley) apelando, en este caso, a la salud de la mayoría por encima de la pérdida de algunas vidas, principalmente de grupos vulnerables (son sujetos colectivos concretos y no sujetos vaciados de sus componentes sociales, emocionales, lingüísticos), permite que aparezca en el centro del escenario político, jurídico, social y humano “el paradigma de la vejez” como un derecho humano que supone que todas las personas tendrían el mismo derecho a existir independientemente del momento temporal (edad) en la cual se encuentren. En suma, se trata de pensarnos como sujetos de derecho, como ciudadanos.

Sin embargo, la política imperante sea liberal o democrática, tiene el poder de incluir y excluir según la pertenencia a un grupo en particular; su política, a pesar de aparentar ser cordial, en el fondo no ha dejado de ser despótica. Por eso nos preguntamos, ¿cómo pensar lo humano fuera de las categorías que han pensado lo que es o debe ser lo humano? Es decir, ¿fuera del paradigma del sujeto racional moderno que ha definido lo humano de un resto que siempre queda fuera? El sujeto es un resto, nos dice Agamben en Lo que resta de Auschwitz.[ii] Ahí el hombre es indestructible porque este no ha hecho otra cosa en la historia que tratar de destruirse una y otra vez, es decir, sobrevivir a sí mismo. Por eso es infinitamente destruido porque siempre quedará un resto, esa es precisamente la política que viene y que habitamos hoy.

Es así que el Homo sacer es el excluido radical del orden en donde se naturaliza la exclusión y lo que es correcto. Es la ausencia de todo derecho, de la exclusión del derecho humano. Por eso, en los Derechos humanos (DD. HH.) hay una imposibilidad de alcanzar un cierre entre “ciudadanía y ser humano” porque los Derechos humanos lo son en tanto se es persona jurídica, ciudadanos que siempre tienen la posibilidad de apelar a esos derechos. No todos pueden apelar a los DD. HH., ya que éstos están pensados más para los ciudadanos que para los humanos. Se define así lo humano desde una forma específica, lo cual excluye a muchos otros (política y jurídicamente) Esta es una de las hipocresías de las sociedades modernas occidentales.

¿Quiénes son los que están fuera del orden y al mismo tiempo lo sostienen?, ya que no hay un orden sin excluidos y sin restos. Si todos tenemos derecho a la salud y a disfrutar de los bienes y de la vida plenamente, ¿por qué la vulnerabilidad (representada aquí por la vejez) nos hace más vulnerables todavía? ¿Acaso se puede justificar el sacrificio de los derechos de los individuos por el supuesto “bien común” o por abstracciones como la patria, la nación o la humanidad? ¿Cómo rescatar las subjetividades (excluidas) del movimiento  aplastante y uniformador del discurso capitalista?

Lo cierto es que el habitar la pandemia nos lleva a reconocer, discutir y exigir, social y políticamente, la importancia de la salud pública, de su funcionalidad, eficiencia e inversión, también de la capacitación de los profesionales de la salud y la ciencia; de discutir pública y horizontalmente la Guía bioética en tiempos normales y de crisis; replantear los conceptos de soberanía, gobierno, comunidad, individuo, igualdad, derecho, comunidad, ciudadanía, etc. En suma, repensar la política y el derecho en nuestras sociedades para que también “Esos molestos viejos vulnerables”[iii] tengan todavía la posibilidad de realizar sus sueños, esperanzas y necesidades materiales y espirituales.

Ciudad de Tlaxcala, 29 de abril de 2020


[i] Hobbes, Thomas. Leviatán, México, FCE, 1990.

[ii] Agamben, Giorigio. Lo que resta de Auschwitz, Valencia, Pre-textos, 2000.

[iii] Recuperado de https://elpais.com/elpais/2020/03/30/opinion/1585567235_176237.html

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