Del miedo a estar con uno mismo ante la pandemia

José de Jesús Alvarado Estrada

Uno de los elementos poco atendidos durante esta época de crisis sin precedentes es el encuentro con uno mismo. Estar a solas con el propio pensamiento nunca ha sido tarea sencilla aun cuando siempre sea necesaria. En el paleocristianismo, dedicar un tiempo al silencio para estar con uno mismo, con el fin de desentrañar el propio caminar, es una exigencia continua de la vida. Algunos siglos después, durante la patrística del siglo V de nuestra era, los anacoretas hacían del silencio y la meditación en torno a sí mismos una condición de vida.

Podemos preguntarnos ¿cuál es el objeto de su meditación? Sin duda alguna se trata de la inminencia a la muerte; tal meditación tenía lugar antes del descanso nocturno pues aquel que duerme prueba la muerte. Trazando un colosal puente hermenéutico aun con el riesgo de no zanjar la distancia, justo en este tiempo, el que para nosotros existencialmente es el último, pues en él estamos. Entonces, meditar sobre la propia muerte se nos impone.

Estamos en casa, por fortuna trabajando; estamos en compañía de los otros, no de otros abstractos sino de otros que llamamos y experimentamos como nuestros. Nosotros también escuchamos, vemos y percibimos la inminencia de la muerte, no podemos dejar de hacerlo, sería irresponsable no estar atento de las noticias y los reportes diarios entorno al avance y estragos del COVID-19. Hemos visto como el miedo social, no solo existencial, se apodera de nuestro mundo; al trascurrir estas semanas, primero hemos percibido los miedos del mundo capitalista en sus diversas manifestaciones. El miedo de la FIFA por la interrupción de su industria deportiva, el miedo de quienes especulan con la economía en un modelo neoliberal, miedo de quienes ven por un momento que quizá han dejado de percibir algunos cientos de millones de dólares. En contrapunto, el miedo de nuestras familias, su incertidumbre, allí donde coloquialmente dicho se vive al día. Aparece el miedo existencial y genuinamente humano.

Pero hay otro miedo poco atendido que es el estar con nosotros mismos y con el propio pensamiento, sí, ese miedo a aquello que somos y hacemos. Ese miedo que acallamos mediante la música, las series, en una palabra, ese miedo del cual la cultura del entretenimiento trata de salvarnos.

Entonces qué hacer ante el miedo de estar con nosotros mismos en la solidez de nuestra presencia. Justamente esto: no rehuir al encuentro con nuestra propia existencia. Pues meditar sobre nuestro vivir es repensar nuestro estar en el mundo, tan efímero y tan frágil, es mirar que sí, efectivamente, nuestra existencia puede cesar durante esta pandemia. Parece que más allá del miedo a la muerte existe un miedo mayor, que es el de encontrarnos con nosotros mismos, un miedo al encuentro que experimentamos día con día, del cual no podemos responsabilizar a esta pandemia, dado que desde antaño está con nosotros.

Ciudad de Puebla, 1 de mayo de 2020.

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