Habitar en tiempos de pandemia (IV)

José Antonio Mateos Castro

México ha comenzado a registrar un incremento en el número de contagios y defunciones a pesar de las recomendaciones que las autoridades federales de salud han hecho: lavarse las manos frecuentemente, mantener la“sana distancia” y quedarse en casa. Con certeza los contagios y defunciones incrementarán en los siguientes días debido a que se hace caso omiso a estas recomendaciones. Todos somos susceptibles de contraer el virus, tal vez unos más expuestos que otros por razones y circunstancias diversas, pero al final de cuentas estamos expuestos. La única diferencia es que la población de la tercera edad y los que padecen alguna enfermedad tienen más complicaciones después de contraer el virus.

Créditos: Getty

Este nuevo virus (COVID-19) ha desconcertado no sólo a la población, sino también a los gobiernos que tratan de responder a una situación para la cual no estaban preparados y que sobre el desenlace de la pandemia han transparentado las contradicciones e insuficiencias de los sistemas de salud públicos de los países, tanto del Sur como del Norte.  

Tanto es así que el coronavirus ha cambiando la forma en que pensamos el cuerpo humano, este se ha convertido, afirma Achille Mbembe en un arma porque “Ahora todos tenemos el poder de matar”. Esta arma consiste en contraer el virus y la posibilidad de transmitirlo a otros así que “El aislamiento es sólo una forma de regular ese poder”, un poder que no es absoluto porque depende de los otros; podemos escapar de la muerte o retardarla un poco y “contenerla está en el corazón de estas políticas de contención.”

En ese marco, el Consejo de Salubridad General (CSG) de México, publicó la Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica con la finalidad de elaborar la Guía Bioética como una acción “proactiva y anticipativa” para lograr establecer criterios “objetivos” que permitan la toma de decisiones al personal médico y que la población en general reconozca que las decisiones en casos críticos deben ser transparentadas.

Se trata de una acción importante ya que en pleno siglo XXI siguen existiendo seres que tienen condiciones diferentes para la supervivencia material, ética, política y jurídica. Estas condiciones varían según la clase, la raza, el género, la orientación sexual, las necesidades especiales con las que se nace o se adquieren a lo largo de la vida, también dependiendo de la región del mundo en que se vive y los gobiernos de los diferentes estados nacionales. En otras palabras, las condiciones para sobrevivir a la exposición varían radicalmente, dependiendo de las provisiones disponibles para cada grupo social. Hay una escala de cómo se distribuyen los riesgos hoy, al respecto Mbembe señala que habrá muchas personas que perderán la vida, la cuestión es ¿quiénes serán?, ¿por qué? y ¿con qué finalidad?

Créditos: AP

Es aquí donde entra en escena la Guía Bioética elaborada por el CSG, ya que es en el ámbito de la salud pública en donde se deciden situaciones críticas o de escasez para definir a qué parte de la población dar prioridad para acceder a los beneficios. La guía orienta al personal médico qué hacer, cómo y cuándo hacerlo y enmarca sus acciones en un ámbito en donde los médicos quedan exentos de juicios jurídicos, morales, éticos e inclusive religiosos, otorgándoles un marco para actuar con la finalidad de salvar el mayor número de vidas posibles de la población. Ante todo esto todo parece referir a un criterio pragmático “del mayor mal el menor”. Lo cierto es que la guía establece criterios elaborados por especialistas de diversas áreas e instituciones, por sujetos concretos que “definen ya” quiénes vivirán y quienes morirán; hay supuestos diversos: éticos, epistemológicos, metodológicos, antropológicos, jurídicos, psicológicos, es decir que no todos los criterios son médicos. Tampoco podemos pensar en sujetos (médicos) que de forma mecánica y fría aplicarán los criterios a la población, porque también ellos necesitarán evaluar (puntaje) y deliberar todos los casos para poder tomar una decisión y no dejar resquicio al azar, la arbitrariedad u opacidad.

Un aspecto polémico a destacar, entre otros, es que la Guía establece que “se deben salvar la mayor cantidad de vidas-por-completarse. Y de entre vidas-por-completarse hay que elegir aquellas que están en etapas más tempranas.”[i] Parece así que el concepto de vida que se supone tiene un sentido cuantitativo que deja de lado otros aspectos más ricos e incluyentes como el hecho de que la vida no sólo puede medirse en términos temporales (de la edad), sino inclusive en lo que en filosofía se llama el buen vivir. Hay vidas concretas, no en abstracto, que se encuentran en una desventaja social con respeto a otras, no es lo mismo acceder a servicios de salud privados y que a servicios públicos, ni vivir en las zonas más pobres o rurales del país que en las zonas residenciales de las grandes ciudades. Lo cierto es que nadie puede garantizar una larga vida por vivir y, sobre todo, una buena vida (una vida con sentido, una mejor vida vivida). La pregunta es ¿qué hacer con aquellos que se ha decidido que no valen? Pregunta que sin duda alguna afecta a las mismas razas, las mismas clases sociales y los mismos géneros.

Créditos: curatoscuro

Por su parte, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, insiste en que la economía no puede detenerse incluso si parte de la población necesita morir para garantizar esta productividad. “¿Van a morir algunos? Van a morir. Lo siento, así es la vida”. Es decir, para salvar la economía del país todos deben hacer sacrificios. Para muchos eso significa perder la vida. Mbembe segura al respecto que “El sistema capitalista se basa en la distribución desigual de la oportunidad de vivir y morir”, en una lógica de sacrificio, porque la vida simplemente es tomada como nuda vida. En las políticas de los gobiernos, la nuda vida es sacralizada porque siempre se distinguirá de las múltiples formas de vida (bios) y como objeto del poder soberano. En ese sentido, para Foucault, la vida natural (zoé) empieza a ser incluida en los mecanismos y cálculos del poder estatal, por eso la política se transforma en biopolítica.

Es indispensable preguntarse ¿cómo puede haber comunidad en tiempos de calamidad sin poder despedirse de los nuestros, organizar sus funerales y rituales que se merecen? ¿Cómo crear comunidades en tiempos donde la lógica de la eliminación impera?

Ciudad de Tlaxcala, 22 de abril de 2020.


[i] La guía establece que se deben evaluar, primero, la posibilidad de que un paciente mejore y sobreviva y, segundo, el tiempo que el paciente utilice los escasos recursos. Sin embargo, hay que destacar que un adulto mayor siempre tendrá complicaciones más graves que los jóvenes, ya sea por su edad o por alguna enfermedad previa.

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