COVID-19 y la humanidad amenazada. ¿Qué lectura hacer?

María Eugenia Sánchez

Los desgarramientos civilizatorios

Llevo más de 20 años hablando, como muchos otros, de una crisis civilizatoria inédita. Inédita por razones planetarias, demográficas y ambientales, y por lo mismo de un posible colapso civilizatorio a mediano plazo. Estoy terminando un trabajo en el que propongo la categoría de desgarramiento civilizatorio, entendido como un resquebrajamiento de andamiajes estructurales y simbólicos de larga duración, para intentar comprender lo que estamos viviendo, ¡no! lo que estábamos viviendo hasta principios de enero de 2020.  La pandemia del COVID-19 ha hecho visible un escenario que, no por esperado, deja de ser abrumador.

¿Qué lectura hacer? ¿Con qué finalidad? ¿Para quién? Pienso en los millones, sí millones, de seres humanos que no cuentan con las condiciones mínimas de protección. Muchos sin casa, millones sin agua, cientos de miles con escasez de alimentos.  Como dice Marina Garcés (2020):

A mí me sorprende que haya tanta gente repitiendo esta frase ―que la alerta sanitaria ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad humana― desde filósofos hasta Antonio Banderas. (…) ¿No conocen la realidad altamente vulnerable de muchos barrios y territorios de nuestras ciudades? ¿No sufren el impacto de los cánceres y otras patologías debidas a factores ambientales y sociales? La vulnerabilidad y la interdependencia ya estaban, cada día, como realidad cotidiana para la mayoría. ¿Qué nos impedía verlas y pensarnos desde ellas?

Esa es la primera realidad que viene a mi mente, es la primera realidad que hace visible la pandemia y me deja en una situación de dolorosa impotencia. ¿Somos las personas mayores (tengo 77 años) la población de mayor riesgo? ¿O son regiones enteras las que están en riesgo de supervivencia en y después de la pandemia?

Las fronteras y el control digital

La segunda realidad que se visibiliza con fuerza, y que para mi generación es simple y sencillamente alucinadora, es la realidad de las interconexiones tecnológicas de todo tipo que han alcanzado una intensidad hasta ahora desconocida y que hacen decir a Chul Han (2020) “que en Asia las epidemias no las combaten sólo los virólogos y epidemiólogos, sino sobre todo también los informáticos y los especialistas en macrodatos” y que pronostica que “China podrá vender ahora su Estado policial digital como un modelo de éxito contra la pandemia”. ¿Ocurrirá que viejos, nuevos e inéditos autoritarismos reconfigurarán el espacio político global? ¿Se transformará significativamente la geopolítica mundial ante la debilidad mostrada por Europa y por Estados Unidos?

Por el momento, resurge el tema de las fronteras, que al virus le tienen sin cuidado, y se improvisa o se refuerza un nacionalismo de graves consecuencias. Y ya no son los pobres los que contaminan, como el imaginario dominante ha instituido, son los ricos que fueron a esquiar a Vail Colorado o a vacacionar a Europa los que trajeron el virus a México. Y, además, hoy la nueva frontera necropolítica se ha desplazado hasta la puerta del domicilio privado. El aire que respiras debe ser sólo tuyo. La nueva frontera es tu epidermis (Preciado, 2020).

La cotidianidad hoy

Se lee y se oye de todo. Hechos,  fake news, ideología, intereses, miedos, todo se mezcla. ¿Cómo van permeando en los diferentes grupos sociales? La información y también la infodemia, atraviesan el enrejado de nuestros mapas cognitivos y emocionales, a veces los van transformando lentamente, a veces los deja intocados. Los esquemas mentales y actitudinales no cambian fácilmente, ni en las cúpulas políticas, ni en las élites económicas, ni en los intelectuales, ni en los sectores populares.  No hace falta más que ver la actuación de Trump o de Bolsonaro, la de los macroempresarios que demandan apoyos económicos para mantener sus empresas, pero en su mayoría, se niegan a pagar los salarios debidos. El pensamiento se mueve despacio y los intelectuales reeditan sus ideas centrales para la comprensión de lo que ocurre. Activistas y ciudadanos de a pie expresan “que son inventos del gobierno solamente para generar miedo y controlarnos” y se niegan a aceptar un confinamiento impuesto por el Estado. Y siguen organizando reuniones o fiestas. “Que es un castigo de Dios por todos los libertinajes que vive la sociedad”, dijo por ahí un obispo. “Que es algo absolutamente imprevisto” dicen los políticos cuando muchos epidemiólogos habían anticipado la aparición de un nuevo virus que se podía expandir debido al crecimiento demográfico, al aumento de los viajes internacionales, de la urbanización y al cambio climático. Se anticipaba algo semejante a partir de las epidemias del SIDA, el SARS, el Zika y el Ébola (Brauman, 2020).

Y todos pensamos en los “nuestros”, nuestra familia y amigos más cercanos, y si el miedo arrecia o si es políticamente conveniente, entonces no sólo pensamos en los nuestros sino contra los otros, como el caso de las enfermeras que se subieron al Metrobús en Puebla y que las bajaron a empujones o el racismo antichino que se revivió en Estados Unidos y en otros países.  Efectivamente, en estas situaciones, sale lo mejor y/o lo peor de nosotros. Ya lo había analizado Tódorov a partir de los testimonios de los supervivientes de los campos de concentración nazis y del Archipiélago Gulag (1993).

¿Qué va a pasar después de la pandemia? Podemos imaginar y suponer diversos escenarios, pero quizás es demasiado pronto para hacerlo.

Por el momento hay que vivir día a día con la mayor responsabilidad, solidaridad, creatividad y cariño posibles.

Ciudad de Puebla, 24 de abril de 2020

Referencias

Chul Han Byung (2020) La emergencia viral y el mundo de mañana. El País 21 de marzo.

https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html

Preciado B. Paul (2020) Aprendiendo del virus. El País. 27 de marzo.

https://elpais.com/elpais/2020/03/27/opinion/1585316952_026489.html?fbclid=IwAR1_VA3HM3MeRc4vMee6sEAw-k0ixnY_KKi2V4PSJSmy1iK0vI0Cy5rmGVw

Todorov, T. (1993) Frente al límite. México D.F.: Siglo XXI. México

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