La mirada del amanuense: crónicas tardías de una pandemia I

Stefano Santasilia

Escribir cuando todo ya ha empezado y peor cuando se está desarrollando no deja margen de salvación. Si te olvidas de una opinión habrá una larga cola de intelectuales omnívoros ya entrenada a recordarte que alguien dijo esto y algo más… Sin duda la articulación conceptual mantiene un camino que no se puede eludir: el riesgo es de expresar como novedoso algo que, en realidad, ya queda obsoleto, dicho y abandonado. Pero hay otra mirada, la que yo prefiero, y por esto asumo (¿o será al revés?), que solo se puede expresar desde la distancia temporal y espacial: la del amanuense. Es una mirada complementaria como todas las miradas no puede expresar más que un punto de vista, y así, no puede presumir de ser ni la mejor ni la más importante. Como todas miradas, sufre el juego del claroscuro dictado por el ángulo que condiciona la llegada de la luz por encima de la realidad. Si toda mirada surge al distanciarse, la del amanuense lo necesita doblemente; en el espacio y en el tiempo.

En tiempo de pandemia la distancia espacial ya no es un esfuerzo, se muestra más como una necesidad, y toda necesidad mientras ayuda, también limita. Un amanuense necesita tinta, y salir a comprar la linfa de la cual brotan sus palabras se ha vuelto un peligro; la posibilidad de que la misma linfa quede en su frasco asumiendo el semblante de una palude… y es solo un ejemplo. Pero esta distancia es lo que permite la tranquilidad necesaria para la manifestación de la profundidad. La distancia en el tiempo impone la espera, la paciencia que subyace, al aparecer del flujo de las ideas… no de las simples ideas sino de su flujo, dirección, orientación. Dentro del variopinto conjunto –para no llamarlo cuadrilátero– del agone filosófico (y tristemente en algunos casos pseudo) se han visto salir a chorros las más diferentes ideas: proféticas anunciando el comienzo del fin de un sistema o propiamente su fortalecimiento máximo; confirmatorias declarando finalmente la evidente visibilidad de las constelaciones conceptuales esbozadas ya hace años y, dulcis in fundo y con muy poca vergüenza, se ha asistido a directas acusaciones acompañadas por repentinos y lamentables dietro-front de los mismos acusadores. Un grito sale de la boca de un filósofo italiano, una afirmación en forma de grito que declara que ya basta de “hacer filosofía” que no se preocupe de la urgencia del quehacer. Y probablemente en tal grito, en momentos de desahogo frente a una impertinente pregunta y el más inverecundo sarcasmo, se esconde la profundidad del problema. Mientras los intérpretes, sin nunca confrontarse realmente, sino pontificando desde la barrera de sus pantallas trataban de persuadir sobre qué forma de sistema iba a ganar gracias a la ayuda de la pandemia, en Wuhan –supuesto epicentro de la catástrofe– se daba la primera revuelta en contra de las medidas restrictivas. La política, blanco de las interpretaciones quedaba dos veces en jaque a causa de la irrupción espontánea de la vida: la primera a causa del virus, que todavía la tiene en jaque desatando y destrozando el posible control conceptual –pero de esto quisiera reflexionar en mi próxima intervención–,  y la segunda, en su necesidad de reconquistar espacios que desde el origen de los tiempos va disputando con la mera supervivencia. En esta pandemia, mediante estos dos jaques, la vida está gritando en nuestra cara de seres sapientes, dominadores conceptuales, ocupados en cuadrar círculos sociales y culturales, que los sistemas son sus productos y no sus jaulas. La catástrofe, en su etimología, se muestra precisamente como el voltear o poner al revés. De la misma manera en que se pone al revés un bordado, dejando que la hermosura del diseño deje espacio a un conjunto de hilos que no parecen tener forma, pero sin los cuales no habría ninguna imagen, así la pandemia muestra el revés de la vida o sea su capacidad de meter en jaque –dolorosa  y desesperadamente– toda forma de reducción conceptual. Y sin embargo necesitamos comprender. La danza constituida por las conexiones localizables entre causas y culpas desata una inmensa guerra entre los saberes, mientras la princesa del conocimiento, en todos sus sumamente loables esfuerzos emprende una resistencia que se alimenta de conocimientos tardíos, de falta de datos y de recursos. Dónde más, dónde menos… no hay ninguna sociedad, ninguna nación, que hasta ahora pueda declararse ganadora. Y si la primera cuestión a considerar no fuera simplemente la corrupción o la mala preparación ¿sino el delirio de nuestra condición humana? Un delirio construido en el tiempo, mediante la reducción masiva de los peligros de desastre natural. Una reducción que ha disparado la mirada hacia arriba, siempre enfocada en lo más grande –grande peligro, grande resolución– y  haciéndole identificar el peligro con su magnitud visible, su potencia en solemnidad, su sublime violencia aterradora. Una reducción que hay que bendecir a efectos de salvación, pero no a efectos de conciencia; marco en el cual el ser humano ha empezado a olvidar la dimensión de su fragilidad equilibrando las muertes y pérdidas con los alcances tecnológicos, usando una horrorosa balanza capaz de neutralizar la vida transformándola en superviviencia. Y ahora que la vida en todas sus formas –también la de un virus– nos pone en jaque, nuestra supervivencia tan alabada en contra de los valores no sabe qué orientación asumir para preservarse. No tenemos soluciones directas, nos la pasamos buscando culpas pasadas con la esperanza de no comportarnos otra vez de la misma manera. Probablemente hay que volver a hacer cuentas con la vida en su verdad, en su verdad comunitaria y relacional. Probablemente se necesita dirigir otra vez la reflexión sobre la vida hacia el cuidado y la delicadeza. Pero mi vela ya se ha consumido y mi atramentum casi se acaba, es la hora de dejar espacio al descanso meditativo.

Ciudad de San Luis Potosí, 18 de abril de 2020.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s