COVID-19: Un tranvía sin frenos

Alejandra Rivera Quintero

Quizá en este momento no somos capaces de mesurar los alcances de esta pandemia porque generacionalmente no contamos con un referente directo de qué significa tener recursos limitados en los sistemas de salud. Por supuesto que cualquier usuario del sistema de salud pública de nuestro país pudo haber constatado en algún momento de su vida qué significa el desabasto de medicinas, o qué pesadilla es tener que aguardar durante horas en una sala de espera para poder ser atendido en una Unidad de Medicina Familiar. Sin embargo, eso no se aproxima a lo que pasará en el momento en los que los hospitales no sean capaces de brindar atención y soporte vital a las personas contagiadas de COVID-19 y que presenten un cuadro grave.

Cuando ese momento llegue a nuestro país, como ya ha sucedido en otros, veremos que la mortalidad aumentará, no sólo por la propia letalidad del virus o por las comorbilidades que cada paciente pueda experimentar. La tasa de mortalidad aumentará porque no habrán camas ni respiradores disponibles en ninguna parte. Llegará un momento en el que los hospitales estarán rebasados y habrá poco personal de salud, porque aun a pesar de que la profesión médica nos parezca heroica, ellas y ellos también se cansan, y sí, también están ante un alto riesgo de enfermarse y morir. Llegará un momento en el que los hospitales públicos, los privados y los hospitales militares, tendrán la necesidad de adecuar espacios improvisados para continuar recibiendo personas enfermas, y es más, se quedarán sin espacio incluso en las morgues. Si alguien sufre un accidente o tiene una urgencia médica no asociada con la pandemia (desde un parto, un traumatismo fuerte y hasta una simple reacción alérgica), tampoco habrá manera de atenderle con prontitud.

Una parte del problema radica en que el sistema de salud público en México fue desmantelado durante décadas y claramente eso se va a dejar sentir con fuerza en nuestro país, pero además, sucede que en ninguna parte del mundo –ni siquiera en los países más desarrollados– existe un sistema de salud capaz de atender simultáneamente tantas urgencias médicas.

Créditos: AP

Llegando a esa fase, las instancias de salud deberán tomar decisiones sobre qué pacientes serán prioritarios, y deberán decidirlo rápidamente. Al llegar ese punto, se nos develará cuáles son las vidas prescindibles y sabremos quiénes pueden ser sacrificados para que otrxs puedan tener posibilidades de vivir.

El dilema del tranvía es un ejemplo clásico para tratar de mostrar los principios de la ética utilitarista. En ese ejemplo, una persona que conduce un tren sin frenos avanza sobre un camino en el que hay cinco personas atadas a las vías; el (la) conductor (a) tiene la opción de accionar un interruptor que desvía el camino del tren, pero ese camino lo lleva irremediablemente hacia otra persona que también se encuentra amarrada a las vías. La perspectiva utilitarista sostiene que es preferible tomar una decisión para el bien de muchos, aunque eso implique el sufrimiento de pocos. Por ello suele justificarse moralmente que en el dilema del tranvía las personas opten por cambiar la ruta; sin embargo, no en todos los casos las decisiones se basan en la aritmética. Si el dilema del tranvía se ajusta a la idea de que de un lado del camino estarán las personas jóvenes, de un sector socioeconómico favorecido, en los márgenes de la edad productiva y sin padecimientos previos, y del otro lado se encontrarán las personas pauperizadas, mayores de sesenta años, las y los indígenas, las personas migrantes, aquellas personas que no tienen acceso a los servicios de salud, personas con alguna discapacidad, personas con enfermedades crónicas, etcétera; entonces la decisión estará basada en el cálculo del mayor beneficio, o más precisamente, en un ejercicio de poder que determinará qué vidas son dignas de ser vividas y cuáles son prescindibles.

Créditos: Enrique Ortíz

Quizá ello explique por qué en Estados Unidos los efectos de la pandemia se han dejado sentir con más fuerza en la población afroamericana y en la comunidad hispana, o por qué Italia decidió priorizar la atención a personas jóvenes por encima de personas de edades más avanzadas. Aun está por verse qué vidas serán abandonadas a la muerte en nuestro contexto y aunque tengamos la intuición de quiénes podrían ser las poblaciones más desfavorecidas, lo cierto es que estamos en un momento decisivo, pues simultáneamente estamos atados a las vías y somos quienes conducen el tranvía; la mala noticia es que estamos a punto de quedarnos sin frenos.

Ciudad de México, 13 de abril de 2020

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