¿Qué esperamos cuando esperamos? Apuntes sobre la espera frente a la pandemia

Viridiana Pérez

De esperar se trata siempre que hay un exceso de tiempo, y aun así al tiempo le falta tiempo. Esa falta de tiempo en exceso es el estado perpetuo de la espera, así lo expresó Maurice Blanchot en su ensayo La espera, el olvido.[i] Actualmente, ante la pandemia que ha conmocionado a casi todo el mundo, se encuentra una cantidad interminable de información que se actualiza a cada momento. No se puede hablar de cifras en ningún caso porque de antemano sabemos que esas cifras cambiarán en cuestión de segundos. La ola de desinformación también resulta alarmante, el pánico y la incertidumbre que genera hace que la espera en la que nos encontramos se haga manifiesta, cada vez más perceptible, cotidiana.

Créditos: EFE

Es inquietante ver cómo diversas naciones están manejando la cuarentena, fenómeno que hasta hace poco sonaba sencillo. En India y en algunos lugares del Perú, se infligen castigos físicos por violar la consigna “quédate en casa”; en Alemania la policía impone multas que ascienden los 500 € si detecta a más de tres personas reunidas en la calle. A raíz de esto, las redes sociales están repletas de información, pero también de contenidos de diversos tipos, sabemos que el Big Data se encarga de mostrarte lo que quieres ver de acuerdo con el análisis de las búsquedas constantes que se registran en internet. Este contenido es para que la gente se aburra menos y se entretenga más en casa, de este modo se puede cumplir con la norma. Sin embargo, personas de todo el mundo han expresado mensajes tanto de ánimo como de desaliento, unos incitando a la resistencia, otros más bien a pensar apocalípticamente.

Martin Heidegger

Heidegger decía que la dispocisión afectiva [Befindlichkeit] como ese encontrarse en el mundo siempre dispuesto desde un estado de ánimo, posibilita cierta comprensión de eso en lo que estamos, de aquello en lo que nos movemos, como una manera de abrirnos conscientemente a la vida fáctica, a nuestra realidad. El autor afirma que incluso la filosofía sucede en cada caso en un temple de ánimo fundamental.[ii]

La pregunta a todo esto es ¿en qué temple nos encontramos actualmente? Pero ello sigue sin bastar. La pregunta más bien apunta a cuestionarnos quiénes somos hoy frente a la pandemia y cuál es la esencia de nuestro tiempo para que, a partir de ahí, podamos dar una respuesta.

En este sentido, si lo que encamina a la respuesta es justamente diagnosticar a nuestra época, cada época histórica se distingue por una manera particular de experimentar el tiempo, de vivirlo y de pertenecer a él. Hoy, ante la situación mundial por la que atravesamos, la pandemia ha generado un cambio radical de experimentar el tiempo y la inevitable y profunda relación que tenemos con él.

El miedo, el pánico y la ansiedad se han generalizado. Entre lo realmente efectivo como lo es la aceleración desmesurada de contagios por COVID-19 en todo el mundo, y la desinformación que se propaga instantáneamente, la incertidumbre de no saber qué sucederá mañana o cuándo terminará esto, generan de forma violenta una repentina alteración en el estado en el que nos encontramos en cada caso ante esta espera que parece interminable. Por ende, el fenómeno del tiempo en estas condiciones lo vivimos a partir de la espera, la pregunta es ¿qué esperamos en esta espera? ¿De verdad esperamos que la pandemia termine? O simplemente ¿esperamos que la espera finalice?

Algunos filósofos como Giorgio Agamben, Slavoj Žižek, Byung-Chul Han, entre muchos otros, han escrito sobre las implicaciones que la pandemia dejará, porque en el fondo la filosofía reconoce que lo esencial no está en el hecho de lo que irremediablemente es ya la epidemia en sí, sino en todas las relaciones y posibilidades que ella misma abre, como la muerte, la enfermedad, la desigualdad, el confinamiento, la espera.

Lo que tenga que decir la filosofía al respecto no consiste en su actualidad, sino en los impulsos que ésta da para pensar tanto lo presente, como lo pasado y lo futuro, y hoy la humanidad comparte mucho más que el miedo y la lucha contra la pandemia, comparte esencialmente la espera de que algo suceda, de que algo rompa con este estado de excepción, se espera que la ciencia logré encontrar el antídoto o que simplemente la muerte o la salud ya no se hagan esperar más.

Andrea Köhler, escritora y corresponsal del periódico Neue Zürcher Zietung en USA, nos dice que “esperar es una lata, y, sin embargo, es lo único que nos hace experimentar el roer del tiempo y sus promesas”.[iii] Su afirmación sugestiva resulta, pero también debemos tener en cuenta que esperar no es lo mismo que tener esperanza, en el fenómeno de la espera podemos percibir el tiempo, nuestro tiempo, mientras que la esperanza, pensándola en el contexto de la pandemia, correspondería a esperar un final feliz que, aunque sabemos que no llegará, lo esperamos.

Cholula, 1 de abril de 2020


[i] Maurice Blanchot, L’attente l’oubli (La espera, el olvido), 1962, p. 26.

[ii] Martin Heidegger, Los conceptos fundamentales de la metafísica. Mundo – finitud – soledad. Madrid: Alianza, 2007, p. 30.

[iii] Andrea Köhler, El tiempo regalado, Barcelona: Libros del asteroide, 2018, p. 11.

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