Habitar en tiempos de Pandemia (II)

José Antonio Mateos Castro

En tiempos de pandemia biológica e ideológica (face news, desigualdad, racismo, paranoia, etc.) experimentamos y vivimos la excepcionalidad permanente que se ha hecho más transparente y visible a nuestra vida individual y colectiva. También, la gobernanza de los Estados hoy más que nunca establecen diversos cálculos político-económicos (coste-beneficio) donde el capital abstracto y su libre circulación se diferenciará y opondrá más radicalmente de la vida humana. Las demandas serán hegemónicamente económicas; girarán en torno al aspecto laboral, salarial, de los derechos, en suma, al ámbito público y hoy el ámbito más susceptible es el de la sanidad.

La racionalidad económica dará prioridad a lo individual[1]; hay que salvaguardar el sistema, aunque la vida humana quede depreciada porque para muchos “destruir la economía, los empleos y la moral es también asunto sanitario” (Lloyd Blankfein). O sacrificamos la economía o sacrificamos la vida; la vida de los más vulnerables, de los Olvidados (Luis Buñuel), los condenados de la tierra (Franz Fanon), las víctimas permanentes (Walter Benjamin), los oprimidos (Enrique Dussel), etc. Lo cual implicaría, como afirma Benjamin, “el bello horror”, es decir, hacer de la miseria humana un objeto de disfrute.[2] Y desafortunadamente la política y la economía siempre sacan ventaja de las contingencias. Y no se diga la espectacularización de la crisis, de las muertes por la pandemia en el mundo que transmiten los mass media en tiempo real[3]; ellas –las muertes- acaban convirtiéndose en meras mercancías susceptibles de circulación y consumo.

La pandemia sin lugar a dudas ha hecho evidente referentes distintos para medir a los sectores sociales más vulnerables, a los grupos como los de la tercera edad, a los que no tienen acceso a la salud pública, aquellos con enfermedades degenerativas, en suma, a un “bloque histórico” (A. Gramsci) las más de las veces desfavorecidos. Todos ellos se han convertido no en una prioridad sino en un obstáculo, ya que la situación que estamos viviendo deja al descubierto los endebles sistemas de salud no sólo de Europa sino también de nuestro continente; servicios de salud que desafortunadamente no han respondido a las necesidades básicas de la población. Junto a ello, cada vez más se verá la distancia entre quienes tiene acceso a la salud y de quienes no.

En ese marco, Giorgio Agamben considera que la gestión política de la vida (biopolítica)[4] se manifiesta a través de la manipulación del derecho y de esta forma se ha transformado en nuda vida, es decir, en vida despojada de toda significación jurídica y política, diríamos también moral. Esta figura del derecho romano que el filósofo recupera, le sirve para hacer referencia a las masas exterminadas que no llegan a ser sujetos políticos ni jurídicos sino mera vida física, situación que pone al individuo al margen: entre la ciudadanía y la vida social.[5] Si en ese mundo romano el condenado podía ser asesinado sin que el asesino fuera acusado de homicidio, nosotros no diferimos mucho del homo sacer, en el sentido de que la vida (de los más vulnerables) está en manos de la voluntad de un poder soberano (el mercado neoliberal), que en tiempos de pandemia nos lleva a una redefinición de lo que es vida, tanto en cuerpos individuales como poblacionales. Porque en el fondo lo que se lleva a cabo no es la explotación de los sujetos (Marx) sino la exclusión de masas de sujetos del ámbito jurídico y político.

En ese sentido nos preguntamos ¿quiénes tienen acceso al sistema de salud? ¿Quién o quiénes tienen derecho a una cama y un respirador? ¿Algunos tendrán que morir en aras del bien común? ¿Quién o quiénes tendrán derecho a sobrevivir? Podemos afirmar que habrá una parte de la población que pueda protegerse (ser inmunes) y otros muchos más que estarán expuestos al virus, es decir, habrá seres humanos desechables porque tendrán que salvar su cuerpo y su vida por sus propios medios, ya que el control y los contagios de este nuevo “remake de la muerte” está muy lejos de terminar, a pesar de algunos susurros de júbilo y victoria, pero “los sollozos no han cesado y los cuerpos no están aún fríos”, nos dice el profesor de la universidad Tecnológica de Hong Kong Yian Lianke.

Ciudad de Tlaxcala, 8 de abril de 2020.


[1] El Covid-19 hoy refleja un individualismo exacerbado, ya que la cultura occidental se ha sustentado en las libertades individuales, de mercado y de la propiedad privada de las personas que actualmente se hacen más visibles. Sin embargo, el Estado de bienestar occidental, y el nuestro también, es más débil de lo que suponíamos. Italia y España son ejemplo claro, ya que son los países europeos más afectados por el virus y han puesto en evidencia sus sistemas de salud y sus estrategias para contrarrestarlo.

[2] Benjamin, W. El autor como productor, México, 2004, Itaca.

[3] Podemos afirmar que es la primera pandemia en la historia que estamos siguiendo en tiempo real en el mundo.

[4] Por ejemplo, los campos de concentración nazi, habrían sido la experiencia más acabada de la biopolítica, ya que es ese espacio los judíos, gitanos y homosexuales fueron despojados de todo derecho, fueron incluidos en una organización institucionalizada con fines de exterminio. La nuda vida apareció en toda su desnudez y crudeza.

[5] Cfr. Agamben, G. Homo sacer, el poder soberano y la nuda vida, Valencia, Pre-textos, 2010.

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