Covid-19: ¿biopolítica o necropolítica?

Bily López

Biopolítica y necropolítica son un par de conceptos que en los últimos años han sido utilizados por diferentes pensadores para dar cuenta de fenómenos específicos que acontecen en el mundo.

Créditos: Sr. García, El país

Si bien Michel Foucault no fue el primero en utilizar el concepto de biopolítica, sí fue en su pensamiento en donde dicho concepto se volvió relevante. En términos muy generales, se puede afirmar que biopolítica es, para Foucault, una forma específica de uso del biopoder. El poder sobre la vida o biopoder puede ejercerse de dos formas diferentes, como anatomopolítica —cuando se ejerce como disciplina sobre los cuerpos—, o como biopolítica —cuando se ejerce como control sobre las poblaciones—. Para el pensador francés, algunos de los ejercicios de poder en las sociedades contemporáneas pueden comprenderse a partir de estas tecnologías de poder cuyo nacimiento se sitúa entre los siglos XVII y XIX.

La biopolítica, específicamente, es una forma de gubernamentalidad cuya racionalidad se fundamenta en el cálculo, la administración y el máximo aprovechamiento de los recursos al interior de un territorio, incluida la población que lo compone. Este ejercicio gubernamental, claro, no es posible al margen del modo de producción capitalista, así como del liberalismo económico surgido en Europa en el siglo XVIII. Para el ejercicio de sus poderes sobre la vida, la razón de estado biopolítica toma en cuenta la vida de las poblaciones como fenómeno de masa, de modo que fenómenos como la natalidad, la mortalidad, la salud, la enfermedad, la sexualidad, la seguridad y las actividades económicas son de toda su incumbencia, pues de lo que se trata es de maximizar la producción de la población en función de todos los otros recursos disponibles para la generación de riqueza. A diferencia del paradigma de las sociedades disciplinarias y de soberanía, la máxima sobre la que se rige la gubernamentalidad biopolítica es la de “hacer vivir y dejar morir”.

 Después de Foucault, numerosos autores se han apropiado de sus hipótesis para discutirlas, ampliarlas, corregirlas o radicalizarlas. De modo que en todo lo que va del siglo XXI se han esbozado numerosas teorías en torno al racismo, la guerra, la seguridad, la inmunidad, el estado de excepción y la indefensión de la vida de los seres humanos desde el paradigma biopolítico, que propone y supone que en las sociedades contemporáneas los individuos están sujetos a órdenes de disciplina, control y vigilancia prácticamente infranqueables.

Dentro de este espectro, Achille Mbembe advirtió que han existido sociedades —algunas de ellas contemporáneas— en las que el paradigma de soberanía no consiste en hacer vivir y dejar morir, sino en un deliberado “hacer morir”. Para sostener su propuesta, Mbembe utiliza ejemplos concretos, como las plantaciones africanas, los territorios ocupados por la guerra en Irak, así como el apartheid sudafricano. Se hablaría, en estos casos, no de biopolítica sino de necropolítica, pues lo que se calcula, administra, controla y produce no es la vida, sino la muerte.

Créditos: El quinto poder

Es importante hacer notar que la muerte no está ausente en el paradigma biopolítico. En él, el cálculo se hace sobre ciertas formas de vida que deben producirse y cuidarse, y todas aquellas que no caben en este espectro, sencillamente se abandonan a su muerte, también bajo cálculos cuidadosos; la muerte, digamos, se calcula, se tolera, se deja pasar, no se produce. En el paradigma necropolítico, por el contrario, no sólo se hace un cálculo sobre la muerte, no sólo se abandona a ciertos sectores de la población a su muerte, sino que hay una producción activa y deliberada de ella; el asesinato es el ejercicio fundamental de la soberanía.

Visto así, es claro que la actual situación de pandemia que enfrenta el mundo es una situación que se describe claramente desde los planteamientos generales de la biopolítica. Es necesario ser más cuidadoso si se quiere aplicar con más rigor el concepto de necropolítica en contextos diferentes a los señalados por Mbembe.

Más aún, tomando en cuenta que el capitalismo y el liberalismo han mutado desde el siglo XVIII, que el capitalismo no es el mismo en todas las regiones del mundo, y que lo que se considera como vida en el siglo XXI no es lo mismo que hace tres siglos —entre muchos otros factores—, ¿no tendríamos que empezar a sospechar de la precisión del paradigma biopolítico en aras de diagnósticos más certeros?, ¿no tendríamos que empezar a dejar de lado la fascinación biopolítica por encontrar determinaciones de la población por todas partes, y comenzar a promover nuevos entramados conceptuales que posibiliten nuevas formas de liberación, de producción, de revuelta?

Ciudad de México, 8 de abril de 2020.

4 comentarios

  1. “ el cálculo, la administración y el máximo aprovechamiento de los recursos al interior de un territorio, incluida la población que lo compone.” ¿Que no es esta la definición de Economía?

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    • Entiendo que, efectivamente, la biopolítca es “una forma de gubernamentalidad cuya racionalidad se fundamenta en” lo que denominas, acertadamente, economía.

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  2. Los menos que más tienen, necesitan de menos humanos de tercera edad avanzada y más, renovarlos por fuerza de trabajo nueva joven para no bajar el ritmo de crecimiento de la productividad y por ende de su capital, eliminando premeditamente todo compromiso de distribución de las riquezas, considerando a este segmento social como gasto pasivo socio humano, lo cual les facilita continuar acumulando y creciendo en mayor cantidad su capital, apareciendo la codicia como estética de la vanidad financiera, expresión física del rostro del biopoder.

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  3. Considero que en algunos estados se adopta efectivamente más la necropolítica que la biopolítica como en el abuso constante y el genocido intolerable cometido por Israel contra el pueblo Palestino. Necropolítica aceptada con el silencio de los dirigentes de la ONU y por ende extensible a países caracterizados por una supuesta biopolítica.

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