Las huellas en la ciudad ante la pandemia

Gerardo Romero

Henri Lefebvre, en Le Monde Diplomatique, postula lo siguiente:

Las nuevas ciudades señalan de una manera demasiado visible las huellas de la tecnocracia, huellas indelebles que permiten ver la impotencia de todos los intentos de animación, ya sea a través de la innovación arquitectónica, la información, la animación cultural o la vida asociativa.

Dibujo de Toni Marco. / R. C.

Con la contingencia sanitaria que estamos viviendo a nivel mundial, las huellas que deja la tecnocracia en las ciudades para favorecer un modelo de producción capitalista (en sus diferentes formas), así como, su configuración a partir de las reglas del mercado -reduciendo cualquier tipo de actividad a valor de cambio-, se hacen más visibles, esto es, desconexiones de los citadinos con sus ciudades, ciudades cascarones que solo sirven para el turismo e inhiben cualquier actividad social, ciudades fragmentadas en donde los actores que participan en su construcción son cada vez más especializados, espacios privatizados para el acceso restringido de personas, y todo lo anterior, se empieza a legitimar por temas del ordenamiento y salubridad.

La ciudad ya no existe ni como espacio físico ni como imaginario colectivo. Dejamos de pensarla, añorarla o inventarla, contrario a ello, deseamos tanto los espacios privados y de consumo. Hemos olvidado a la ciudad por completo, dado que con la situación de pandemia se acentúan los encierros. En este sentido, la ciudad es lugar de tránsito: medio que permite el transporte de un lugar cerrado (como una vivienda) a otro lugar cerrado que es controlado y administrado por la demanda del mercado.

Con el COVID-19 y las complicaciones mostradas en las redes sociales y medios tradicionales no se hacen esperar. Desde estos recursos de comunicación se empiezan a legitimar medidas sanitarias para impedir que algo parecido a lo que nos enfrentamos hoy vuelva a suceder. Aunque ello implique que las ciudades se pierdan en su totalidad, que los espacios sean cada vez más administrados por la oferta y demanda, llevando al desvanecimiento de los espacios comunes o el aislamiento por completo entre los citadinos.

Créditos: EFE

Por esa razón, sería pertinente preguntar ¿cómo se configurarán las ciudades a partir de la pandemia? Las ciudades no sufrirán un cambio en términos de una planificación ordenada – tal como las Smart City— por los especialistas de metrópolis y urbes. En cambio, se intensificarán dichos discursos, destacando los discursos de sanidad. Tal como sucedió en Barcelona durante el año de 1918 con el brote de la mal llamada gripe española que provocó una reconfiguración de las calles y hogares, ello legitimado por el saneamiento de la ciudad.

Ahora nuestras ciudades se encuentran desoladas por los turistas, porque lo único que contienen y han contenido son las grandes masas que pasean por unos días, consumiendo patrimonio, para después dirigirse a otro lugar turístico. O por trabajadores que no tienen ni las fuerzas y ni el interés de tener algunas actividades de ocio dentro de la ciudad y sus calles. Esta crisis de la ciudad que esbozamos no es nueva.

Sin embargo, las huellas de la tecnocracia parecen ser más evidentes por esa razón es necesario reconsiderar la manera cómo habitamos el espacio citadino.

Ciudad de Puebla, 5 de abril de 2020.  

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