Perspectiva de género y pandemia

Luz Mariel Flores Bautista

Se dice que en este momento se presenta una de las crisis más importantes para la humanidad. La expansión del virus COVID-19 ha puesto a las poblaciones en pánico no sólo porque se evidencia la falta de preparación de los gobiernos para identificar, detener, atender y resolver problemas de carácter epidemiológico. Incluso los países de primer mundo no cuentan con las instalaciones necesarias para responder al problema, son conscientes de que los hospitales se desbordarían y que no pueden atender todos los casos, hace falta personal de salud y de expertos en el tema, lo cual permite cuestionar si realmente existen suficientes departamentos con la infraestructura y el financiamiento para desarrollar vacunas o soluciones a corto, mediano y largo plazo. Todo parece indicar que no son suficientes. Las medidas implementadas en China y Europa han dejado las calles desoladas, mientras tanto en México comienzan a implementarse esas medidas para tratar de reducir mínimamente el número de contagios y el número de muertes, pero en el sentir de las personas existe desconfianza de las autoridades, hay escepticismo de que sea un virus real o, por lo menos, que no sea controlable. Incluso se llega a pensar que sean experimentos o simplemente que funcione como un distractor frente a problemas urgentes que se han evitado y que últimamente las personas decidieron denunciar: tomar las calles para mostrar el hartazgo por la impunidad y por la falta de una evidente atención a los problemas que los aquejan.

A pesar de la incredulidad, también se manifiesta un estado de pena y aflicción frente al escenario que presentan los hermanos y hermanas del otro lado del mundo, mucha gente anuncia y trata de prevenirnos de una situación que en un principio también creían irreal, pero que ahora experimentan en primera persona cuando deben despedir a alguien querido. Cadáveres que por cierto son tratados como “materiales peligrosos”, llevados al depósito en una bolsa sanitaria después de una despedida sin contacto físico y con las medidas de seguridad pertinentes, que hacen tomar seriamente las recomendaciones dictadas por las autoridades sanitarias. Al mismo tiempo surge algo extraño y es que dentro de la melancolía, la pesadumbre y frente a la soledad de las calles, se tiene una cierta expectativa de que este virus genere grandes cambios para el mundo. No obstante, lo primero que debemos considerar es que un virus no va a realizar ningún cambio, si ha de producirse algún cambio tendrá que proceder desde lo más propio de la responsabilidad que tenemos como humanidad. Lo demás es considerar que vivimos cotidianamente situaciones difíciles, la realidad desde la cual se actúa es inestable y nada está bajo control; una crisis es momentánea, se supera y nos motiva a la resiliencia, sin embargo, más que reflexionar desde una crisis tendríamos que criticar desde la cotidianeidad, replantear las reglas del juego de la vida en común, cuestionar las formas en las que se ha llevado la vida, poner prioridades honestas que atiendan las condiciones fundamentales de cohabitar.

El COVID-19 evidencia la vulnerabilidad de las estructuras de gobierno, de salud, expone lo frágil de la economía que, junto a las medidas convencionales que se han tomado, intensifican las condiciones de precariedad en la que muchos grupos de personas se encontraban antes del virus. Algunos de ellos viven la pandemia desde el privilegio, otros morirán sin la oportunidad siquiera de ser atendidos. El virus no es el problema, el virus deja al descubierto todos nuestros problemas, la falta de preparación ante las pandemias, el racismo, la desigualdad social, la violencia, nos muestra que la naturaleza exige su lugar, existe aporofobia, consumismo, impunidad, delincuencia, inseguridad, corrupción, desempleo, falta de acceso a alimentos, falta de acceso al agua, carencia en los servicios de salud, educación de baja calidad, discriminación, violencia contra mujeres y niñas así como violencia de género… podríamos seguir enumerando los problemas, cada uno de ellos deberían ser atendidos. Resulta evidente que la pandemia no nos afecta a todos por igual, hay personas que pudieron correr a los centros comerciales a hacer sus compras de pánico, muchos otros viven un día a la vez, así que las medidas de aislamiento y la obligación de quedarse en casa no es una opción factible para ellos.

Algo que ha resultado molesto para muchos es cuando se insiste en esta desigualdad, pero hay que aceptar que existen grupos vulnerables que resienten con mayor intensidad estas adversidades, entre ellos se encuentran personas adultas, jóvenes, niñas y niños, y mujeres. Los gobiernos han insistido en que se abandonen las calles, que todas las personas permanezcan en sus casas, que se haga por la salud de todos, pero ¿quién piensa en estas personas que cotidianamente viven en una situación difícil?, particularmente numerosas mujeres mexicanas se enfrentan con esta ardua realidad y que con el cierre de escuelas y de las instalaciones de cuidado infantil tienen que decidir entre cuidar a sus hijos o salir a trabajar. Muchas mujeres son jefas de familia, además de afrontar el trabajo desigual en el que la paga de las mujeres es menor entre 15 y 17% en comparación con la de los hombres,[i] la mayoría de ellas tienen un trabajo informal vendiendo comida, ropa o  realizando trabajo doméstico sin prestaciones ni beneficios.

Las mujeres son más propensas a contagiarse ya que por lo menos en el sector salud el 79% del trabajo realizado es por mujeres. El cuidado tanto de hijos como de personas adultas, así como las actividades en casa, quedan mayormente en las manos de mujeres colocando una carga o trabajo extra en la cuarentena.[ii] Es indispensable pensar que la violencia familiar, doméstica y las violencias sexuales ocurren generalmente en las casas, por lo que prácticamente se confina a las víctimas con sus victimarios, los agentes de las violaciones y abusos sexuales contra mujeres y menores que se reportan regularmente son familiares de la víctima, por lo que se estima que “el covid-19 intensifique la violencia de género”.[iii] El problema no se reduce al virus en sí, el problema es anterior, en este caso es violencia de género y debemos reconocerlo, ahí empieza el cambio.

Ciudad de Puebla, 1 de abril de 2020.


[i] ONU MUJERES, “Atender las necesidades y el liderazgo de las mujeres fortalecerá la respuesta ante el COVID-19”, en ONU MUJERES, (https://www.unwomen.org/es/news/stories/2020/3/news-womens-needs-and-leadership-in-covid-19-response), 31 de marzo de 2020.

[ii] Andrea Vega, “Las recomendaciones de Salud e inmujeres para evitar violencia y trabajo desigual durante la emergencia por COVID-19”, en Animal Político (https://www.animalpolitico.com/2020/03/mujeres-salud-violencia-confinamiento-covid-19/) 31 de marzo 2020.

[iii] France 24, “Miles de mujeres, a expensas de sus agresores durante la cuarentena por el Covid-19”, en France 24, (https://www.france24.com/es/20200330-ellas-hoy-mujeres-violencia-confinamiento-cuarentena-coronavirus), 31 marzo 2020; ONU MÉXICO, “Los estados deben combatir la violencia doméstica en el contexto de las medidas de emergencia de COVID-19, dice experta de la ONU”, en ONU MÉXICO, (http://coronavirus.onu.org.mx/los-estados-deben-combatir-la-violencia-domestica-en-el-contexto-de-las-medidas-de-emergencia-de-covid-19-dice-experta-de-la-onu), 31 de marzo de 2020.

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