Habitar en tiempos de pandemia

José Antonio Mateos Castro

Nos encontramos aislados unos de otros y, curiosamente, más cercanos con los que comúnmente convivimos todos los días en nuestros espacios privados. La pandemia que desde hace unos meses apareció en Oriente[1] ahora perturba el sistema económico-político vigente occidental, trastocando tanto el ámbito individual y colectivo que habitamos cotidianamente. El coronavirus dejó de ser una simple palabra grave para convertirse en un acontecimiento que nos muestra cuán frágiles somos, que tan cerca estamos unos de otros, pero sobre todo, las contradicciones económicas, políticas y sociales de los Estados nacionales y su gubernamentabilidad, es decir, sus diversos cálculos político-económicos. Lo que implica no sólo problematizar y analizar la pandemia en sí misma sino lo que también está a su alrededor, es decir, lo que nos deja ver tanto en lo local como en global; cuestión que pone en entredicho los principios y paradigmas sobre los que nuestra noble civilización se ha sustentado, a saber, su política, economía, ciencia, moral,  justicia, en suma, su humanidad.

Crédito: Infobae Cultura

Lo interesante del asunto, es que podemos observar distintas interpretaciones sobre la crisis sanitaria que vivimos; no hay una mirada única, no hay un monopolio de interpretación, ya que tal vez el coronavirus desborda a la reflexión, al análisis; para Zizek el coronavirus es un golpe letal al capitalismo para reinventar la sociedad; Noam Chomsky, la pandemia es ejemplo del fracaso del mercado; Byung-Chul Han, el coronavirus está poniendo a prueba nuestro sistema; ojalá que el virus nos haga salir de la caverna, de la oscuridad afirma Emilio LLedó; Alain Touraine considera que la crisis va a empujar hacia arriba a los cuidadores; Boaventura de Sousa, todo lo sólido se desvanece en el aire; José Luis Villacañas afirma que nos encontramos ante un “atolladero evolutivo”; Agamben, el estado de emergencia es la norma para instaurar pánicos colectivos; Jean-Luc Nancy, para el que la técnica –no el Estado- impone un estado de excepción (biológico, informático, cultural) debido a la hiperconectividad de nuestro tiempo, entre otras muchas afirmaciones más que el virus ha provocado en algunos intelectuales que han salido a la discusión pública en tiempos de pandemia. Lo importante es, más allá de tomar partido, ¿cómo hacerle frente a tal situación? ¿Cómo habitar el mundo con el Covid-19? ¿Cuáles son las acciones que se han tomado y tomarán como comunidad humana? O simplemente ¿tendremos que acatar lo que nos indiquen los estados económicamente más poderosos?, o mejor dicho ¿podemos seguir confiando en el Estado? ¿Hay otras posibilidades de salir de tal situación?

En sintonía con Slavoj ZizeK, junto a la expansión de la epidemia viral han detonado las epidemias ideológicas que estaban latentes en nuestras sociedades: “noticias falsas, teorías conspirativas paranoicas y explosiones de racismo” que ponen de manifiesto a sujetos desechables (homo sacer) y expuestos al virus. En ese sentido, considera que lo más urgente para los filósofos, frente a la pandemia, en esta era de las redes sociales es preguntarse ¿cómo provocar y quienes manejan la información? ¿se puede hablar de excepción informativa? ¿qué puede la falsedad?

Sin duda, habitamos esta crisis, habitamos la perturbación del sistema económico neoliberal que, al mismo tiempo, deja al descubierto nuestra excepcionalidad permanente que legitima intervenciones militares, toques de queda, aislamiento, paranoias y miedos, medidas económicas que afectan a una gran mayoría, cierre de fronteras, situaciones que sujetan a los ciudadanos. Por ello, se trata de romper con la normalidad del eterno retorno de lo mismo, a través de nuestras ideas, deseos, solidaridades y sueños en y con los otros; desde marcos de interpretación diversos y distintos al vigente.

Por lo expresado, podemos preguntarnos kantianamente ¿Qué podemos saber? ¿Qué estamos obligados a hacer? ¿Qué debemos esperar? Preguntas que implican ser partícipes de nuestro tiempo, de este mundo y de darle sentido y valor y, lo más importante, vivirlo. Saber qué mundo queremos habitar y el cómo queremos co-habitar-nos en tiempos de coronavirus.

Ciudad de Tlaxcala, 1 de abril de 2020.


[1] Me recuerda a la afirmación hegeliana en sus Principios de Filosofía del Derecho, de que la Historia se mueve de Oriente a Occidente, ahora no para mostrar el progreso del espíritu y la conciencia de la libertad sino las contradicciones del sistema político-económico occidental.

4 comentarios

  1. Estoy convencido, y de acuerdo con usted, en que las condiciones en las que la pandemia nos ha encontrado han evidenciado una serie de problemas en torno a nuestra forma de organización tanto en la esfera pública como en la privada. Condiciones que debemos repensar urgentemente. Sin embargo, pareciera que esto sigue siendo asunto de unos cuantos y muy pocos. El resto -la inmensa mayoría- se debate entre la imperiosa necesidad de trabajar pese a la situación para tener qué llevarse a la boca para calmar el hambre o mantenerse bajo resguardo; otros tantos (los menos), entre respetar la cuarentena o saciar la -aparentemente- imperiosa necesidad de salir, salir, salir y salir para gastar dinero. En este último caso, poco parece importar el contacto con los otros -aunque sea lo que se dice “de dientes para fuera” en redes-. En sus confesiones sobre lo difícil de pasar por cuarentena (recuérdese el dicho “dios da las peores batallas a sus mejores soldados”), se vierte casi exclusivamente contenido sobre la necesidad de consumir. El contacto con los otros parece, precisamente, mediatizado o, peor, vehiculizado por la capacidad para consumir. ¿No son, acaso, estos mismos sujetos los que además del poder económico y adquisitivo ostentan el poder político? ¿Cuáles son los posibles efectos de que sean ellos quienes “repiensen” las condiciones de organización pública y privada actuales? ¿Cuáles podrían ser los efectos de que sigamos haciéndolo “nosotros”, unos cuantos, aparentemente con poco eco? ¿En su texto hay alguna sugerencia que atender o sólo inferir? Abrazos.

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  2. Es para repensarse todo lo que se ha construido a través de la historia, y efectivamente aun no hay en las personas una consciencia real de la situación, es muy pronto, creo, para que los individuos pensemos en un verdadero cambio, otro modo de vida, aun existe la ilusión de volver a lo que conocemos, veamos que pasa en unos meses más, dice Kengi que será el mas disciplinado el que logre adaptarse y sobrevivir, no el mas inteligente. Tiempo al tiempo.

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    • Gracias David. La cuestión es que no todos habitamos la pandemia en las mismas circunstancias materiales. Mientras unos tienen poder adquisitivo (consumo egoísta), muchos otros viven en condiciones mínimas de supervivencia, viven más expuestos.No es lo mismo vivir en las zonas más ricas de las grandes ciudades que en las zonas más pobres.
      Seguramente no seremos los mismos después de está pandemia. Algo tendrá que cambiar. Quiénes son los que conmoverán y moverán nuestras circunstancias. Nosotros, los más expuestos tendremos que hacerlo. El cambio no viene de un mesías, vendrá de una sociedad concientes y organizada. Mientras la indiferencia hacia el otro y las compras de pánico es lo que vemos todos los días.
      En los textos siguientes vamos tocando otros aspectos y ciestionandolos para encontrar posibilidades

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    • Así es Fabio, cada día van apareciendo contradicciones y actitudes ante está situación. No sólo será el más disciplinado, sino también, desafortunadamente los que tengan mejore condiciones materiales. Saludos

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